Cuando una persona comienza a interesarse por la economía, una de las primeras cosas que aprende es que la ‘actividad económica’ puede distribuirse prácticamente en tres sectores (materias primas, industria y servicios) y que conforme un país se enriquece estos sectores van ganando mayor o menor peso los unos sobre los otros. Un país pobre tendrá, por lo general, una actividad prácticamente dirigida a la obtención de alimentos, mientras un país rico dedicará casi toda su actividad a la producción de servicios.
Pues bien, la razón por la que esto sucede es evidente: Lo prioritario, para nosotros, es comer y beber; lo prescindible, que te sirvan la comida o te calienten el café.
¿Qué pasa? Que llega un momento en el que gran parte de la estructura productiva de un país rico se fundamenta en estas actividades ‘prescindibles’, con todos los peligros que esto entraña. Peligros como el hecho de que si un día nos da a todos por necesitar ahorrar, el 20% de los empleos del país no sirvan para nada.
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