25 oct 2012

Un poco de política monetaria

Escrito por Juan Ignacio de Juan en El Economista Perplejo


Voy a hacer un poco de pedagogía bancaria. Espero que alguien me lo reconozca económicamente.
Últimamente la gente se pregunta ¿por qué no podemos dejar caer los bancos?. Y lo hace con la lógica aplastante de la ciudadanía: si mi empresa puede quebrar y encontrarme en la calle sin más amparo que un seguro de desempleo menguante y un panorama desolador en el empleo, cualquier empresa (y los banco lo son) debería poder encontrarse en la misma situación y cerrar cuando fuera insolvente. De esa manera nos ahorraríamos todos una buena cantidad de dinero (el ministerio de Economía y Competitividad va a introducir una enmienda en los presupuestos para poder incrementar la deuda en 60.000 millones de euros para recapitalizar los bancos, tal y como advertí el mismo día del ‘préstamo en condiciones muy favorables’). Nos ahorraríamos también los sufrimientos que vamos a afrontar (y estamos afrontando) por los recortes que nos imponen desde fuera (o no) en estos años. Con lo cual, dejemos que quiebren y se acabó el problema.
Y gente con algunos conocimientos económicos (no muchos) también lo plantea como si eso fuera la panacea de los problemas. Y por dinero que les hemos prestado y avalado, las condiciones indicarían que es mejor deshacerse de la ‘grasa’ y quedarnos exclusivamente con lo bueno (si es que lo hay) del sistema financiero.
Y de tanto oírlo, parece ser una idea extendida por ahí. El problema es que no podemos dejar caer los bancos. Y esto es así por dos motivos básicamente: uno por pacto legal y otro por imperativo económico.
El pacto legal se remonta al año 2008, cuando los jefes de gobierno de la UE pactaron que no se iba a dejar caer ningún banco en Europa. Cuando cae Lehman Brothers en septiembre de 2008 se desatan todos los infiernos en el mundo financiero y es cuando se pacta que eso no va a ocurrir en Europa. Es la época de los rescates multimillonarios de las bancas inglesa, alemana, francesa, etc. Y de los avales de la banca española, cuya peculiaridad es que el problema importante no era privado, sino público y que comentaré más adelante.
El imperativo económico viene por el hecho de que los bancos son creadores de dinero, es decir, de cada euro que hay en circulación (lo que llamamos Base Monetaria) existen en la economía más euros vía los que los economistas denominamos ‘multiplicador del dinero’ y que es, simplificando, un cociente entre el coeficiente de efectivo y el coeficiente de reservas. En sus términos más simples, algo como lo siguiente:

          (e + 1)/(e + r)

Que implica que dependiendo de los deseos de la gente de tener efectivo en su poder y de las reservas que tengan los bancos comerciales en el Banco Central, así será la cantidad de dinero que haya en el sistema. Como la mayoría de nosotros tenemos nuestro dinero en el banco y los bancos comerciales tienen poco dinero en reservas del Banco Central (legalmente es un 2%), el multiplicador es elevado. Por ejemplo, si e = 10%  y r = 2% el multiplicador tendría un valor de 9,17, o lo que es lo mismo, por cada euro que existiese en circulación existirían 9,17 euros en el sistema financiero.
Por otro lado, los bancos comerciales actúan aceptando depósitos, que son sus pasivos, y prestando ese dinero a otras personas (que serían sus activos). Por lo tanto, su balance muy simplificado sería algo como lo siguiente:        
                       
                                                                      


                                                                         BANCO X
                                                              ACTIVO         PASIVO
                                                              Créditos           Depósitos


De forma que el Banco X será solvente cuando sus activos (es decir, sus créditos) sean iguales que sus pasivos (es decir, los depósitos). El problema es cuando los créditos (activos) son menores que los depósitos (pasivos) por la mala gestión de sus directivos, es decir, cuando lo que tengo que cobrar o puedo convertir en dinero no supera a lo que debo a los depositantes. Este es el caso de la banca española con problemas en la actualidad, y si dejáramos que cayera implicaría la desaparición de la práctica totalidad de los depósitos de ese banco. Y eso implicaría la desaparición de otros depósitos en otros bancos en razón de la relación del multiplicador monetario.
Esto significa que no podemos dejar caer un banco, especialmente si es un banco de grandes dimensiones. La desaparición de masa monetaria que eso implicaría nos llevaría a un desastre económico de tales proporciones que no nos lo podemos permitir. En todo caso, hay que proceder a la liquidación ordenada, salvaguardando los activos para poder hacer frente a los pasivos (depósitos).
¿Y por qué no se ha hecho antes? Otra pregunta retórica que parece que últimamente se ha extendido. Nos dicen que la recapitalización de los bancos tendría que haberse hecho en el año 2008 o 2009 cuando la hicieron en toda Europa. Pero obvian que la banca española con problemas eran las Cajas de Ahorro, que ya eran públicas (según la ley de cajas, responsabilidad de las Comunidades Autónomas). Luego habría sido algo así como darle dinero a las CC.AA.. Lo primero que hubo que hacer fue sacarlas del poder autonómico (primera reforma financiera) mediante fusiones entre ellas que las deslocalizaran. Una vez deslocalizadas, exigirlas un mínimo de capital y pasarlas a la dependencia del Banco de España (segunda reforma financiera) forzándolas a la búsqueda de socios que les permitieran subsistir (las salidas a bolsa de Bankia y Banca Cívica son el ejemplo) o a la nacionalización y posterior venta a otro banco que tuviera capacidad de asumirla (como es el caso de UNIM). Pero eso no se pudo hacer en el año 2008. Los tiempos son los que son.
Y para terminar, ¿qué es lo que está pasando en el sistema financiero que está paralizado en la concesión de créditos? La respuesta está en la fórmula del multiplicador monetario expuesta antes. Si la gente aumenta su deseo de tener dinero en efectivo (o salen capitales de España) o si los bancos comerciales depositan más dinero del necesario en el Banco Central (del billón de euros que prestó a 3 años el BCE, en abril había en reservas 870.000 millones), la oferta monetaria (la cantidad total de dinero en circulación) disminuye y, por consiguiente, todos los tipos de interés se incrementan (incluida la prima de riesgo). Y esto se ve alimentado, además, por la parálisis de la economía real (la no financiera) que hace que el canal de distribución que deberían ser los bancos (‘canal de transmisión de la política monetaria’ lo llamamos los economistas) no esté funcionando y la economía se encuentre en una situación de práctica paralización, disminuyendo la renta y, por consiguiente, bajando la recaudación impositiva e incrementándose los gastos y el déficit público. Es por ello que soy tan pesado con eso de fomentar el crecimiento, ya que si eso no ocurre, el canal de transmisión seguirá cerrado y la política monetaria seguirá sin funcionar.
¿Cuándo terminará todo esto? La respuesta la he dicho en varias ocasiones: para el año 2015 podremos ver un poco de luz al final de túnel dependiendo de la evolución que tengan los bancos comerciales. Hasta entonces toca seguir sufriendo por los recortes y la política económica que se está haciendo.
En definitiva, que no podemos dejar caer los bancos, que nos van a costar un ojo de la cara (algo así como 300.000 millones en total), que a pesar de ello la economía seguirá en recesión y que todo puede mejorar, ligeramente, para el año 2015. Espero confundirme. O no, que me estoy volviendo como Rajoy.



@juanignaciodeju


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24 oct 2012

Sobre la morosidad

Uno de los temas en el que tenemos que tener puesto el ojo es en la morosidad. La morosidad es un indicador que nos informa de la duda que surge sobre el cobro de ciertos créditos.

Por ejemplo, supongamos que he dado un préstamo a dos amigos, 50 euros a cada uno. En el momento de pedir que me los devuelvan, uno de ellos me los da sin ningún problema, y yo anoto que el crédito que le había cedido ha sido ya devuelto. Supongamos que el otro amigo me dice que me lo dará en una semana. No tengo porque dudar de la capacidad de mi amigo, así que lo dejo correr. Pero si a la siguiente semana me sigue diciendo lo mismo, y me encuentro con que ha perdido el trabajo y no sabe con sinceridad si podrá devolverme el crédito en algún momento, yo lo anoto como crédito dudoso, o moroso.

Leo en Wikipedia que se establece de forma oficial como moroso cuando te rechaza por tercera vez el pago de la deuda que había contraído.

¿Por qué es importante?

Obviando lo obvio, la morosidad muestra que, al final, la mejor forma que tiene alguien de pagar una deuda es pudiendo trabajar / ganar ingresos. Pero estamos en un país donde intentamos pagar una deuda privada enorme, donde nuestro sistema exportador se está recuperando pero muy lentamente y donde la tasa de paro no deja de aumentar y, por tanto, la capacidad de las familias de pagar su deuda va desapareciendo. En este contexto, la morosidad solo puede ir hacia arriba.

Veamos en un primer vistazo la evolución del total de créditos morosos desde el año 62, que es cuando empieza el registro el Banco de España:


Verlo así es hacer algo de trampa. Puesto que nuestra economía crece, sobre todo en términos nominales, la cantidad de crédito, de todo tipo, también aumenta y, por ende, la morosidad en términos absolutos sigue la misma senda. Por eso se suele dar la tasa de morosidad, esto es, la proporción de créditos morosos sobre el total:


Asusta un poco menos. Solo un poco. En primer lugar nos encontramos con que superamos hace pocos meses el record histórico, como ya apunté en su momento. El dato actual es del 10,5%. Es decir, de todo el crédito que existe, un 10,5% se asume con una gran dificultad de que se llegue a cobrar. La escalada si que asusta, sobre todo por una razón fundamental, ¿acaso hemos llegado al pico?

Veremos como evoluciona el crédito, teniendo en cuenta además la depresión en la que nos estamos metiendo, pero hay otro dato también interesante. El crédito moroso no va surgiendo por si solo. Ya hemos comentado que es aquel al que se le exige el pago y no llega a pagar. Cuando damos la tasa de morosidad, nos estamos refiriendo al propio stock de crédito total y moroso, ¿qué pasa si atendemos a la evolución?

El crédito total se está reduciendo, mientras el país va pagando sus deudas privadas (familias y empresas). ¿Qué parte del crédito que se exige de vuelta es moroso?

Y nos encontramos con que, aproximadamente, de cada 3 euros que se piden de vuelta, 1,8 se devuelven y 1,2 no, acabando como crédito moroso, el 40%.
Podemos verlo de varias formas, aunque la más ilustrativa quizás sea esta:


En el eje X vemos la caída del crédito desde comienzos de 2009.  En el eje Y, el aumento de los créditos morosos en el mismo periodo. Por cada euro que se pagaba (bajando el crédito), 0,65 euros no se pagaban (pero se reclamaban). Por tanto, de cada 1,65 euros que se reclamaban, 1 se devolvía y 0,65 no, lo cual representa casi el 40%.
Tambien podemos ver el caso completo: Desde 2009 el crédito ha caído en 171 millones y los créditos morosos han aumentado en 115 millones. El total exigido es, por tanto, de 286 millones, y el 115 de este es el 40%. 

Aquí hay que hacer algunos apuntes. Primero, esto es un calculo muy orientativo, no exacto, puesto que todo el pago de deuda no implica una reducción del crédito per sé. Si se piden a devolver 200 euros, pero vuelves a prestar 300, el crédito total aumenta en 100 euros. Si suponemos que algo de crédito se está dando, entonces lo que exige a devolver es mayor a la caída del crédito y, por tanto, el porcentaje de este crédito exigido que acaba siendo moroso sería menor.
Por otro lado, una gran parte del poco crédito que se da es justamente para refinanciar, es decir, para permitir la subsistencia de empresas o familias que, si no, no podrían hacer frente a los pagos. Sin ello, la morosidad que se mostraría probablemente fuera mayor.

Con esto quiero decir que el dato del 40% no es, ni mucho menos, exacto, pero si da una muestra algo más realista del proceso por el que estamos pasando. En algún sitio he leído que era de un 50% que, aunque difiere del 40% que me sale a mi, está en bastante sintonía.

Veremos como evolucionan estos datos, pero desde luego son una muestra bien clara de porque nuestra país presenta unas cotas de desconfianza tan alarmantes.

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23 oct 2012

La correlación no implica causación

Si los debates teóricos parecen no poder acabar nunca, uno podría pensar que los estudios empíricos deberían darle la razón a una u otra parte. Si bien en algunos casos la evidencia empírica es sobradamente abrumadora y, por tanto, clarificadora, en muchas de las grandes preguntas las respuestas se siguen basándose en los bandos que las planteen. Inclusive, en el caso de que consigas demostrar la estrecha relación existente entre dos sucesos (una gran correlación), no estarás certificando al 100% que el proceso de causación sea el correcto. Que dos variables estén correlacionadas no nos dice nada de su causación.

     ¿Por qué es importante entender el proceso de causación?

Varios filósofos argumentan que la idea de causación es una de las primeras ideas innatas (que nacen con nosotros, es decir, son parte de nuestro proceso de razonamiento y no hay que “aprenderlas” del exterior).
La causación nos permite establecer y entender las primeras reglas del funcionamiento de nuestro mundo a través del inductivismo, la experimentación a través de la observación como, por ejemplo, qué si dejamos de aplicar fuerza de agarre con la mano en un objeto éste se cae (no necesitamos entender el funcionamiento y la ecuación de gravedad previamente).

La causación nos permite establecer la cadena de eventos que, a partir de una acción (A), generan una reacción o fenómeno (B). Y se entiende necesario si queremos alcanzar o producir B de una manera intencionada.

El problema viene cuando filósofos como Hume declarán que “No podemos penetrar en la razón de la conjunción. Sólo observamos la cosa en sí misma, y siempre se da que la constante conjunción de los objetos adquiere la unión en la imaginación» (Hume, 1740: 93).”

Es decir, que lo único que vemos realmente es la correlación o conjunción entre variables o efectos. El proceso causacional pertenece al mundo de nuestra imaginación. No significa que no exista, sino que no podemos “verlo”, solo intuirlo.

Cuando observamos, estudiamos y analizamos relaciones, todo lo que vemos son, sencillamente, correlaciones. El dar un paso más y dotar a una correlación con la característica de causación es un mero hecho de “superstición”. Lo único que podemos establecer es un patrón de regularidad que nos de la confianza y seguridad necesaria para poder tratar de entender el mundo.

¿Seguirá saliendo el Sol por el este mañana?

Sea como fuera, el problema de la causación es importante y merece ser tenido en cuenta. Por ello es importante tener un modelo teórico detrás que determine de antemano la causación. No se trata tanto de justificarla, sino de intentar que sea consecuencia de unas hipótesis previas que puedan demostrarse ciertas (cambiándolo todo a un proceso deductivo). Sin embargo, habrá problemas que queden sin respuesta, ya que un diferente set de hipótesis puede acabar demostrando un diferente efecto causal para una misma correlación (observación).

     Cum hoc ergo propter hoc

El lenguaje matemático usado mediante las funciones nos dan una idea del efecto causacional en un plano lógico-matemático. Si Y=F(x), definimos a Y como una variable endógena, cuyo comportamiento se define (es decir, es causado) por el comportamiento de la variable exógena (x).

Así, podemos disponer de una serie de datos, que podemos mostrar gráficamente, que nos permita ver la relación existente entre dos (o más) variables. El problema consiste en confundir esta relación meramente estadística con una relación de causación, y es que existen varias vías por las que podemos incidir en el error.

          - ¿En qué dirección?

Si relacionamos el consumo de bienes de alimentación con el total de población observaremos una estrecha relación, ya que es un consumo bastante estable. En este caso es obvio cual es la relación causacional: Una mayor población impulsará hacia arriba el consumo total de alimentos. (Al revés podríamos decir que una sociedad que consume más alimentos atrae población o tiene más natalidad, pero no tendría mucho sentido).

Si bien esta relación es relativamente sencilla, hay algunas mucho más complejas. Por ejemplo, la relación que existe entre la M1 y la M3, es decir, entre la base y la oferta monetaria. Un monetarista clásico diría que los movimientos en la base (M1) ocasionan, a través de la expansión crediticia, movimientos en la oferta (M3). Sin embargos, los teóricos del crédito endógeno realizaron hace poco un estudio donde el efecto causacional es el inverso (corroborando así su teoría), siendo la variación en la oferta la que, después, hace variar la base.

(Por cierto, por si alguien se lo pregunta, parece ser que Hume era más próximo a la teoría del crédito endógeno).

Es decir, no solo tenemos que saber distinguir entre correlación y causación, sino que ya tenemos problemas con destacar la dirección por la que ésta sucede.

          - El factor X

Una posibilidad es que dos variables no estén relacionadas entre sí, pero tengan lazos con una tercera (X) que no hemos introducido en el análisis.

En este caso tendríamos que Y=F(X) y que M=G(X). Ambas variables (tanto Y como M) están condicionadas por X, pero no tienen relación real entre sí. Sin embargo, podemos establecer una sencilla relación: Si M=G(X), entonces X=G-1(M), y por tanto, Y=F(G-1(M)).

Esto genera la denominada relación espuria, una correlación significativa a nivel estadístico pero que no representa ninguna relación causal entre ambas variables.

          - Doctor X meets Doctor T

Una posibilidad bastante recurrente es que la variable que cause (o que explique discursivamente) esta relación espuria, sea el tiempo.

Bueno, obviamente el tiempo no es la causa de nada, sino el marco por el que podemos establecer el efecto causacional. No es el tiempo el que causa que el helado se derrita, sino el calor.

Toda causación implica una sucesión de efectos, es decir, un antes y un después y, por tanto, un marco temporal. En si mismo, el tiempo es un requisito necesario, aunque no suficiente, de todo efecto causal.

El tiempo, como requisito indispensable, puede entrar dentro de las variables exógenas que determinen la variación de la variable endógena y, aquí viene el problema, hacer de factor X.  De hecho, al estar el tiempo en todas las variables que impliquen una cierta sucesión temporal (lo cual es redundante), podemos comparar y establecer correlaciones de casi cualquier tipo con casi cualquier variable y confundirlas con el proceso de causación.

Así, por ejemplo, Bobby Henderson (uno de los creadores del pastafarismo) popularizó la conocida correlación que existe entre el número de piratas y el calentamiento global. A medida que desciende el número de los primeros, los problemas medioambientales se agravan. (¿Es que acaso los piratas nos protegían del calentamiento global o es que eran muy sensibles al mismo?)



De nuevo, estos ejemplos humorísticos nos permiten asimilar los problemas de una forma sencilla, y encontrar el error de forma casi obvia, pero hay problemas más complejos que distan mucho de estar plenamente solucionados.

La econometría dispone de herramientas sofisticadas que solucionan de una u otra manera toda la serie de trabas existentes para encontrar el efecto, si es que existe, entre las variables. Si bien las críticas están servidas y, desde luego, en la gran multitud de relaciones que se pueden encontrar en periódicos y artículos diarios no académicos estos problemas no son tenidos demasiado en cuenta (supongo que hasta yo simplifico muchas veces).

Así que, ya sabéis, que dos variables presenten una cierta correlación estadística no tiene porque implicar una causación determinada. Aunque, si bien en términos filosóficos podemos incluso hasta dudar de que exista algo como la causación (en filosofía se puede dudar de todo ¿no?), a nivel práctico, tomando las precauciones pertinentes, no hay que llegar a tales extremos si queremos llegar a ser prácticos.





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19 oct 2012

¿Os acordáis cuando hacíamos cola para votar?




El año 2000, concretamente el 11 de Marzo, se marcó un precedente histórico en lo que se refiere a modernización del proceso electoral, se introduce el voto por internet en las primarias del partido Demócrata del estado de Arizona. En la cual los votantes registrados tuvieron la posibilidad de votar a través de internet a su candidato favorito, aportando algo de datos, de los aproximadamente 100.000 que votaron el 40% lo hizo a través de internet. El procedimiento fue a través de previo registro facilitando un PIN con el que se puede “depositar” el voto.

Seguidamente esto se anunció como un éxito clamoroso de la llegada de internet y por ende de la modernización al proceso electoral para hacernos la vida más fácil, lo que ocurrió fué que se produjo un intento de crackeo, lo que levantó las alarmas y dio argumentos a sus críticos.

Como ya el lector habrá intuido hablo del voto por internet como no puede ser de otra forma, la evolución natural del proceso que cabría esperarse. Hemos introducido el voto por correo y el voto telefónico, sumado a los cambios experimentados tanto en el ámbito privado -ebay, paypal, banca electrónica- como en el público en las administraciones -hacer la declaración de la renta online, catastro, matrículas varias, e-gobierno-  y demás entes.

¿Pero qué es? Se trata precisamente de eso de votar a través de internet, pueden haber diferentes modalidades y la forma de empleo variará pero, en esencia, se trata de votar a través de un ordenador con conexión a internet el cual guarde los votos en una base de datos preferiblemente de libre acceso, existe el caso suizo en el que la modalidad es remota, es decir, a través de cualquier ordenador con acceso a internet se puede votar lo que supone un ahorro de “suela de zapato” o desplazamiento y especialmente sobre los suizos que viven en el extranjero. A lo largo de la historia del proceso electoral los elementos que han permanecido constante son 6: Votante, Candidato, Discurso Político, Papeleta de voto, Recuento, Proclamación. Esta medida afecta de manera directa a los últimos 3. Pero ya hemos visto cómo internet ha penetrado en el proceso en los anteriores a través de las redes sociales, webs de los candidatos, etc. Por lo que la evolución natural sería la expuesta.

En el voto por internet tiene ventajas que se dejan ver inmediatamente -rapidez, comodidad, dinamismo, accesibilidad-, no tanto los problemas aunque si el lector ha tenido ordenador durante un prolongado tiempo los notara con igual rapidez -Manipulación, Corrupción de sistemas-. Existen 5 temas principales donde versan estos problemas y son:

Acceso: Como menciono arriba es necesario que el acceso sea universal y que no favorezca a una minoría, lo que se denomina “brecha digital”.

Ejemplo de esto fue ocurrido en las elecciones presidenciales de EEUU de 1936 ,se produjo un sesgo de selección en este caso a la hora de estimar el ganador, la prediccion que hizo Liberty Digest fue a favor de Alf Landon con el 57% de los votos la sorpresa fue que tras el escrutinio el ganador fue Franklin Delano Roosvelt y por tanto se consideró un error enorme de predicción tal que la empresa Liberty Digest quebró. ¿Que salió mal? Pues que la empresa cayó en una miopía muestral, a la hora de hacer las estimaciones sólo tomó muestras de personas vía telefónica y obviando el resto, en aquella época solo la gente pudiente tenía teléfono y fue principalmente lo que provocó el error. Esto tiene que ver en el sentido del alcance que puede tener la introducción de una nueva tecnología en un proceso tan importante, pudiendo beneficiar sólo a los “pudientes” pero a estas alturas no existe tal divergencia, al menos no como antes. Cualquier persona que lo desee tiene acceso a internet.

Seguridad: Aquí la palabra clave es integridad, fundamental en el proceso democrático, ya es la base de la confianza pública del gobierno. Han existido intentos de crackeo -manipulación informática- como el que mencione antes.

Privacidad: Desde 1888 se introdujo el voto australiano -secreto- para garantizar unas elecciones libres y justas, por lo que sigue siendo igualmente importante mantener las bondades del mismo.

Tecnologia: La tecnologia avanza y ciertos procesos se vuelven obsoletos o mejorables dada la tecnología actual y la penetración que esta alcanza por lo que no es de extrañar que se plantee la fiabilidad de la misma.

Participación ciudadana: Internet ofrece acceso rápido y directo a sus representantes electos y por elegir y nuevos canales de actuación, por lo que ¿mejorará la participación?¿aumentará la capacidad de votar?

Una vez que tenemos en cuenta todo esto, seguramente alguna más, tendríamos un programa de voto por internet o e-Voting deseable.

Una primera idea que me viene a la mente es la siguiente, ¿Cual es el motivo por el que los votantes inscriptos no votan? perfectamente puede ser que no quieran votar, porque esa es su eleccion o no tienen un partido con el que se sientan identificados, en cuyo caso poca influencia tendrá a priori, pero a la larga sí que tendrá ese efecto universalizador.

A partir de aquí las preguntas son muchas pero la más importante se la propongo al lector para abrir el debate ¿es necesario introducir el voto por internet?.


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18 oct 2012

¿Es nuestra democracia el mejor sistema de gobierno posible?


En los últimos días, todos hemos sido testigos de una vorágine informativa relacionada con los acontecimientos de la ya para siempre recordada última semana de Septiembre. Ahora bien, si estáis aquí porque habéis interpretado por el título que el artículo sería una crítica a la clase política y un grito de aliento a las masas enfurecidas, os recomiendo que no sigáis leyendo. Ni soy un buen redactor, ni os va a gustar lo que tengo que decir.

Democracia. ¿Cuándo llegó a nosotros? ¿Quién tuvo que luchar por ella? ¿Cuántas vidas se perdieron en dicha batalla? Son preguntas muy importantes a priori, pero de escaso valor para lo que quiero contar. No es este un artículo que quiera obviar todo el camino andado por la humanidad en el campo de la política, ni menospreciar el valor histórico que la democracia ha tenido frente a otros sistemas de gobierno ni, muchísimo menos, enumerar todas los sistemas, democráticos o no, mejores que nuestra democracia actual. La wikipedia os será de más ayuda que yo, con cuadros tan interesantes como este:




Índice de democracia para 2010, elaborado por The Economist, de 0 (rojo oscuro) a 10 (verde oscuro)



En base a ese cuadro, podemos presumir de tener un nivel de democracia que se encuentra entre los más altos, comparable al de EEUU o Reino Unido, y superior al de nuestros socios Francia e Italia, lo cual puede resultar chocante, a tenor de las reivindicaciones más oídas en las últimas manifestaciones. Así que me tomaré la licencia de presuponer que nuestro sistema democrático responde a una idea común de democracia indirecta, con varios puntos en común con la generalidad del resto de democracias. Es decir, tenemos un sistema democrático “perfecto”. Veamos ahora qué falla.

El punto principal sobre el que orbita mucha teoría económica es la información perfecta de los agentes que participan en la economía. Sin embargo, es fácil demostrar que la sociedad no dispone de la información apropiada sobre las elecciones posibles en las votaciones. Basta con recordar los constantes cambios que los gobiernos realizan sobre los programas electorales que, en principio, les han dado la victoria. Y no necesariamente de forma maliciosa, sino por diferentes coyunturas políticas o económicas difícilmente predecibles. De esta forma, no parece que un votante instruido y dispuesto pueda llegar a reflejar correctamente sus preferencias en las urnas. Pero detengámonos también en esto último.

¿Cómo medir la disposición de un votante a ejercer su derecho? Podemos recurrir a una simple ecuación que represente el beneficio de hacerlo (Bfo) en comparación con el de su coste (C) y las ganancias potenciales (v como probabilidad de que salga un determinado partido, X como el valor o utilidad asociado a ello):

Bfo = vX – C

Suponiendo que todos los votantes afronten el mismo coste de adquirir la información necesaria, los conocimientos necesarios para procesarla y otra serie de vicisitudes, el valor de dicho Bfo vendría dado por vX. Respecto a X, si hemos asumido que todos los votantes soportan el mismo coste, también hay que trabajar con que conocen perfectamente a todos los partidos. Sin embargo, no todos tendrán la misma opinión de ellos. Así, alguien más afín a las políticas del partido Z valorará más que llegue al gobierno que otro votante no tan identificado con él (retomaremos este punto más adelante), cuyo beneficio de votar será sensiblemente menor. Pero más importante es el valor que adopte v, resultado de una compleja relación entre el valor de un voto, tendiente a cero, y los votos del resto de la gente, desconocidos. Aún en el caso más sencillo, con dos partidos políticos, ese desconocimiento nos haría suponer que la probabilidad sería del 50%, reduciendo a la mitad el valor de que nuestro partido afín llegue al gobierno. Y eso, repito, en el mejor de los casos, que sin embargo no dista mucho de la situación real que se da en democracias tendentes al bipartidismo.

Pero quizás estamos suponiendo muchas cosas. ¿Votantes instruidos? No es cuestión de llamar ignorantes a los ciudadanos, pero de la misma forma que para correr hay primero que caminar, para comprender políticas relacionadas con la educación, la economía o la agricultura, hay que estar familiarizados previamente con esos campos, para entender tanto lo que se propone como lo que se espera conseguir con ello. Porque no es el mismo problema de información imperfecta que se ha comentado párrafos atrás, sino la incapacidad para procesarla correctamente.

Sin embargo, ante todo se suele defender la democracia como la forma superior de gobierno por algo tan sencillo como que, si la gente vota conforme a sus preferencias, el resultado será la agregación de ellas y, por ende, lo que la sociedad en conjunto quiere (no me atrevo a usar el término elección eficiente). ¿Se puede desmontar este punto también? Obviamente sí, sin tener que recurrir a lo que actualmente ocurre. Supongamos que cada uno es de su padre y de su madre. Vale, no es un concepto teórico muy formal, pero es la forma más sencilla de ilustrar la heterogeneidad en el pensamiento. Hagamos un pequeño juego en el que cada persona aporta su voto mediante un número del 1 al 10, que anota en un papel y deposita en una urna. Tal y como he mencionado al principio, la agregación de estos números sería el resultado de la votación. Sin embargo, supongamos que dicha votación se realiza mediante un alzamiento de carteles, disponiendo cada votante de diez números. Parece lo mismo, pero no lo es: de infinitas posibilidades en el voto, hemos visto como solamente tenemos diez opciones.

Diez partidos políticos, en definitiva. Aquellos cuyo voto hubiese sido 6'9 o 7'1 pueden tenerlo claro, pero... ¿qué ocurre con los que preferían 6'5? Así, el resultado de la agregación de votos puede diferir, ante la imposibilidad de la existencia de infinitos partidos. ¿O no es una imposibilidad? Por lo de pronto, dicha situación requeriría de pactos entre partidos, o de lo contrario ninguno llegaría a hacerse con el gobierno. Pero al mismo tiempo, esa limitación nos devuelve al problema inicial. O incluso más allá, si nos mojamos el pie tan sólo un poquito en la vasta marea política. ¿Cómo nacen los pactos de gobierno?

Existe un concepto, llamado log-rolling, que hace mención a la acción de dos personas, en la que cada una de ellas vota favorablemente la petición de la otra, con el fin de que ambas propuestas salgan aceptadas. En el marco político en el que tan sólo un partido gobierna, dicho partido tiene que buscar alternativas factibles para ganarse ese poder, y una forma común de negociar es con partidas presupuestarias. Sin mencionar ningún caso concreto, ¿existe eficiencia en el reparto de inversiones no por la productividad asociada, sino por un “juego de tronos”? Podemos descartar la equidad también, ya que partidos minoritarios cuyos votos no sean necesarios verán una “cesta de favores” que desean y a la cual no tienen acceso. Y sin equidad, tampoco hay lugar, dentro del marco teórico, para la justicia, al no darse simultáneamente la eficiencia y la equidad. Pero sobre la elección social, nada mejor que Arrow y su Teorema de la Imposibilidad, según la cual no existe ninguna regla de decisión social capaz de satisfacer simultáneamente cuatro condiciones racionales y necesarias: dominio universal (la regla debe abarcar cualquier configuración de preferencias), principio de Pareto, no existir un agente decisivo y que la elección dependa únicamente de nuestra decisión sobre las alternativas relevantes. Es decir, ante varias opciones y varios votantes, será imposible que existan simultáneamente democracia real y eficiencia.

Ya hemos recorrido un sinuoso camino plagado de curvas. Podríamos agrupar los problemas encontrados en tres grupos:

-Votantes: Reciben información imperfecta, fallan en la recepción y comprensión de dicha información, costes de votar, incapacidad para reflejar en una urna las preferencias exactas...
-Partidos: Aportan información imperfecta, no existen los suficientes como para representar todas las preferencias, eficiencia/equidad/justicia no juegan un papel esencial
-Sistema de elección: Teorema de imposibilidad de Arrow

Y todo esto sin entrar en ese mar que tenemos delante, lleno a rebosar de ejemplos prácticos, cotidianos, de situaciones tales como el voto por despecho, la corrupción en la política, la incoherencia social... Lo he hecho así porque pienso que, al final, todo sistema aspira a la la idea platónica de dicho sistema, es decir, la democracia aspira a un ideal de Democracia en el que la sociedad gobierna, eficientemente, para la sociedad. Y de la misma forma que al replicar una circunferencia, el resultado no es exactamente el que teníamos en mente, una serie de factores pueden pervertir la Democracia que habíamos soñado. Sin embargo, lo que he querido mostrar, con mayor o menor acierto, es que la propia Idea tiene fallos de concepto, que impiden la realización de lo que buscamos, con independencia de la clase de sociedad que tengamos. Y esto no es nada nuevo.

Platón, en “La República”, alude al concepto del Rey Filósofo, como aquel que gobierna empleando la razón y la sabiduría, no necesariamente desde la tiranía, sino como resultado de ser el más preparado asimilar-procesar-transmitir información. Así la aristocracia, el gobierno de los mejores, sería el sistema idóneo de gobierno, quedando la democracia relegada a ser una corrupción inevitable de dicho sistema. O sin irnos tan lejos, la propia economía alude a un concepto similar como es el “dictador benevolente”, para afirmar que es necesaria la presencia de un individuo que asimile las funciones de utilidad de los individuos y establezca las asignaciones necesarias para asegurar la eficiencia. Es inmediato deducir que una dictadura elimina buena parte de los problemas recogidos con anterioridad.

¿Es deseable entonces la dictadura ilustrada? Tras varios años de carrera, resolviéndole la vida a millones de consumidores o ciudadanos en incontables problemas de Microeconomía o Macroeconomía, es difícil no responder SÍ. ¿Es posible aplicarla en el contexto social en el que nos encontramos? Puede que no. O puede que haya sido implementada ya hace mucho tiempo. Pero que no sean dictadores benevolentes. Ni reyes filósofos. Simplemente, tecnócratas.


Artículo escrito por Cristian González Lorenzo
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14 oct 2012

El problema de la inflación


Parece que existe una lucha (desde mi punto de vista muy mal enfocada) entre los que se preocupan por la inflación y los que se preocupan por el desempleo. No es nada nuevo, claro. El debate sobre los efectos reales contra los efectos monetarios y las políticas necesarias sobre un conflicto con diferentes vertientes lleva su tiempo y suele enfrentar las posturas de estímulo cortoplacista que intente disminuir los efectos negativos sobre el empleo y la estabilidad monetaria que debe existir para que la inflación (es decir, la escalada de precios) no se vaya de las manos. Todos tenemos en mente el mismo objetivo, pero nos diferencian en demasía las claves para conseguirlo.

La relación, o trade-off, entre inflación y desempleo siempre ha estado en el punto de mira desde que se obtuviera la conocida “curva de Philips”, una resultado empírico que relacionaba de forma negativa las dos variables. Podemos entender la inflación como el sobrecalentamiento de la economía. Si esta está funcionando a pleno rendimiento y se intenta disminuir el desempleo más de lo que estructuralmente es posible, se genera un aumento de la demanda por encima de la capacidad de producción que fuerza los precios al alza. Por otro lado, enfriar la economía puede acaba en grandes descalabros en el empleo.


Las críticas a esta relación se hicieron patentes de forma estándar gracias a Friedman, que acabó con el trade-off (relegándolo a un segundo plano de corto plazo), y estableciendo el concepto de NAIRU (o paro de largo plazo, o estructural).

Pero el debate sigue en pie, por supuesto. En un momento en el que España tiene casi un 25% de paro, con una economía que, ni de lejos, está funcionando a pleno rendimiento, ¿sería inflacionario acometer políticas que intentaran poner a trabajar de forma discrecional a los desempleados? ¿Cuánta inflación estaríamos dispuestos a permitir a cambio de que el desempleo se redujera?

Para los que, como yo, piensan que el desempleo es un problema algo más grave que el mero problema de corto plazo (histéresis, perdida de capital humano, migración de los más preparados…) entendemos que “algo hay que hacer”. Pero la manera en la que se haga influye mucho en el resultado.

Soy el primero al que no le gusta como se organizan las expansiones del banco central europeo tal y como las hace en la actualidad, pues son totalmente ineficientes. El dinero, o retorna de nuevo en los depósitos del banco central o acaba en las manos de los pueden acceder al crédito y lo dedican a inversión no productiva (bienes refugio o de especulación que potencian al alza el precio de materias primas y, por ende, al resto de la economía).

Diferente debate sería si habláramos de las propuestas de Steve Keen (que daría el dinero directamente a los ciudadanos para que pagaran su deuda o aumentaran su consumo y demanda) o las que promueven una financiación más directa de los estados, que podrían dedicar el dinero a planes de estímulo concretos. Digo que el debate sería diferente aunque, desde luego, seguiría existiendo. Los problemas de oferta que tenemos (tan importantes o más que los de demanda) tampoco los estamos teniendo en cuenta, ni planteamos nada para corregirlos. Y deberíamos enterarnos de que el largo o medio plazo no es sino la suma de varios cortos. Llevamos de crisis ya cinco años, lo del corto plazo se nos queda corto ya.

Pero hoy no quería hablar de esto. Quería hablar del problema de la inflación. Porque parece que cuando alguien como yo usa el argumento del empleo es porque no le importa para nada el problema de la inflación y, desde luego, no es así (como tampoco creo que sea en el caso contrario).

Uno de los problemas de la inflación viene de “la incapacidad humana de asimilar la función exponencial” (cita que se ha hecho famosa estos meses). No digo entender, digo asimilar. Entender la entendemos todos, tenerla en cuenta en nuestros análisis ya es otra cosa.

     El problema de la inflación

El problema básico es que si un año la inflación es del 2%, no parece mucho. Es cierto. Aumentar la inflación un año al 5% es bastante, pero podría ser razonable si consiguiéramos resolver nuestros problemas. El problema es que con una inflación del 2%, en 10 años los precios han aumentado un 21%. En 20 años casi un 50%.

El problema de la inflación tiene dos vertientes: La perdida de valor del salario, y la perdida de valor del ahorro.

La única solución del primero es el aumento de los salarios, para mantener la capacidad adquisitiva (esto incluye pensiones). El problema es que (a), no aumenta al mismo ritmo y (b) hacerlo podría crear una espiral aun más inflacionaria, puesto que los salarios son una parte (a veces no muy grande, pero parte al fin y al cabo) de los costes de la empresa, que se vuelven a reflejar en los precios.

El segundo también es problemático, si definimos un periodo de, más o menos, diez años, como un periodo corto de ahorro (hablamos de ahorro a futuro, no ahorrar unos meses para comprarte un televisor), nos damos cuenta de que tus esfuerzos son solo el 80% de lo que deberían ser. En 20 años, la mitad.

Aquí hay siempre dos frentes enfrentados. ¿A quien afecta más la inflación? ¿A los pobres o a los ricos?

Lo cierto es que hay una solución algo simple para que los ahorros no pierdan valor o capacidad adquisitiva: invertirlos. Aunque esto también puede generar una espiral, si la inversión se hace justamente en aquellos bienes o sectores con un perfil más inflacionista justamente para no perder capacidad adquisitiva, estamos generando una burbuja, en el que el aumento de precios se debe a una sobreinversión derivada de la expectativa del alza de precios.

Los pequeños ahorradores son menos dados a invertir en estos procesos, y el dinero suele dar simplemente un pequeño interés por parte del banco. Además de que los más pobres tienen una mayor propensión al consumo, y este a su vez de productos más básicos (con mayor alza de precios).

A veces se suele decir que la inflación beneficia a los deudores porque aumenta los conceptos de corte nominal (que es como se establece la deuda). Si la inflación aumenta un 10% (por ejemplo) y el PIB real se estanca, tu economía ha crecido un 10% en términos nominales, y el porcentaje Deuda sobre PIB cae.
Pero en las familias no es igual del todo. Si aumenta la inflación pero no aumenta tu renta / salario, tu capacidad de pago no aumenta. Y es más, si han aumentado los precios de consumo, de un consumo que se antoja básico y por tanto, difícil de reducir en términos reales, disminuye tu capacidad de pagar la deuda. La inflación, por si sola, no beneficia en el pago de la deuda.

     Inflación: Un concepto de largo plazo.

Tomando los datos del INE, podemos ver cuanto han crecido los precios desde 2002 hasta esta parte (septiembre de 2012). El índice general ha aumentado en un 34,68%. En poco más de diez años (y nueve meses), la capacidad de compra de una misma renta o ahorro ha caído en un 25,75% (No, no es igual. Con esto suele haber cierta confusión. Si aumentan un 1% los precios, pierdes casi un 1% de tu capacidad de compra, pero si los precios aumentan un 100% pierdes un 50% de capacidad de compra).

Hay cosas que han reducido su precio. Los equipos informáticos un 85%, los cinematográficos o fotográficos un 75%, equipos de imagen y sonido un 66%, juguetes casi un 13%, electrodomésticos, un 4%...
Son bienes en los que hemos aumentado nuestro consumo y su proporción en nuestra cesta, por lo que su efecto si lo hemos ido notando.

Pero la alimentación ha aumentado entre un 15 y un 65% (depende de qué alimentos observemos, el general un 34%), los servicios culturales un 36%, los servicios sociales un 50%, de mantenimiento un 56%, por no hablar de la distribución del agua, 55%, electricidad, 79%, los carburantes, 105%, u otros combustibles (con el record de 180%).

Como vemos, la inflación afecta mucho más en aquellos productos básicos: agua, electricidad, gasolina, (sin entrar ya en otros bienes como los inmuebles que no entran dentro del cálculo del IPC pero a los que se destinan gran parte de la renta del trabajador).

Así que sí, la inflación es un problema al que debemos tenerle puesto el ojo y es un problema escurridizo porque se le puede meter poca mano. Algunos aluden al patrón oro como única medida de equilibrio a largo plazo, pero los bandazos que se producen en el corto y otros problemas estructurales me prohíben defenderlo.
También hay que tener una mayor conciencia de los fundamentales de la oferta. Problemas en la producción de petróleo y los efectos de algunas medidas energéticas como los biodiesel en la producción agraria tiene efectos que muchas veces no son tomados en cuenta y que elevan el precio de los productos básicos. Si hay algo que interese entender también entre la relación entra la demanda y la oferta es la capacidad productiva por la vía energética, necesaria junto al esfuerzo humano para poder llevar a cabo la gran totalidad de nuestras actividades económicas.

Escrito por Miguel Puente Ajovin en Caótica EconomíaSígueme en twitter
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