27 nov 2012

Déficit del Estado hasta octubre


Hoy se han publicado los datos del déficit del estado hasta octubre.  Una de las primeras sorpresas que nos hemos podido llevar ha sido la revisión, al alza (como siempre) de los déficits alcanzados en los años previos que aumentan en 316 millones en 2010 y en 323 en 2011. Nada muy grave.

Vamos a echar un vistazo a las cifras que nos dan para ir viendo como va la tributación y los gastos del estado y las posibilidades que existen de cara a cumplir con las exigencias de Bruselas, recordando siempre que, (1) la creatividad contable se hace exponencialmente más necesaria conforme se acaba el año y que, (2) las continuas revisiones que se harán en 2013 elevaran, a buen seguro, estas cifras.

Lo primero que vemos es que el déficit del Estado (excluyendo, por tanto comunidades autónomas y ayuntamientos), alcanza hasta octubre una cifra de 43. 374 millones. Lo doy todo en cifras “no homogéneas”, aunque a Montoro no le guste, porque el proceso de homogeneización es otra trampa para mantener la calma de los que no miran las cifras, sobre todo si no van acompañadas de la otra cara de la moneda (CCAA).
Esta cifra es un 8,9% superior a la registrada en octubre de 2011. Lo cual ya nos da indicios de que la cosa no va del todo lo bien que debería ir, sobre todo cuando es el propio Mariano el que acopla en sus discursos la coletilla (mal enunciada) de que “no se puede gastar más de lo que se tiene”.

Podemos hacer la media móvil de ingresos y gastos para ver el déficit medio por mes y hacernos una idea de la evolución subyacente del mismo:


Como vemos, los gastos subieron durante todo el periodo hasta, más o menos, comienzos de 2010, donde el proceso de ajuste y austeridad dio comienzo.  Desde ese momento se denota un ajuste cada vez mayor en donde los intentos de reducir el déficit estructural pasaban por disminuir los gastos de los ministerios, personal, etc. Sin embargo, con el retorno de la recesión en el anunciado “doublé dip” hace que sean los gastos cíclicos (derivados del gasto en pensiones, parados, transferencias…) los que tiren del carro y aumenten continuamente sin poder ser reducidos.

A su vez, con la entrada en recesión ya en 2008, los ingresos cayeron en una proporción bastante notable, haciendo que el saldo (diferencia entre ingresos y gastos) volviera a terreno negativo, es decir, entráramos en déficit.
Los ingresos van mucho más acorde con el estado cíclico de la economía. Con el pequeño repunte que pegó la economía a mediados de 2010, derivado de que los procesos de ajuste aun no habían afectado a la economía, ya que hay lags entre las políticas y sus efectos, y de que Europa en su conjunto parecía estar despegando (falsamente) de la crisis, parecía que la cosa iba a mejorar. Pero de nuevo, aun a pesar de los incrementos del IVA (ya van dos) y las nuevas necesidades en torno a ingresos, estos comenzaron a bajar. Ahora, (en este último mes), parece que la cosa ha vuelto a mejorar (las medidas de IRPF y el IVA puede estar empezando a hacer efecto), pero estas mejoras se irán diluyendo en el tiempo, como así ocurrió con las de Zapatero, cuando el efecto recesivo de las subidas fiscales impacten en la propia economía.

Podemos ver algunas partidas desagregadas para ver mejor su evolución. Para ello podemos ver el informe del IAGE y los datos provistos por el Banco de España.


Aquí vemos la media móvil de los ingresos mensuales por partidas.
En cuanto a recursos, vemos que la recaudación por IVA hasta octubre cae en un 64,3%, derivado de una caída brutal en las ventas (tanto minoristas como mayoristas) y en el más que seguro aumento de la economía sumergida.
En la suma de los meses de septiembre y octubre en cambio ha aumentado un 24,15%, derivado del aumento en el propio impuesto (y el cambio de algunos productos entre sus diferentes estratos).

Y la recaudación por IRPF, que pegó un bajón considerable en julio, parece volver a estar reponiéndose, aunque la tendencia sigue siendo decreciente (ahora es un 13,9% inferior a la recaudación del año pasado).
Así pues, estos últimos meses estamos viendo una mejora paulatina en los ingresos del estado, que ya son un 3% superiores a los del año pasado, una mejora bastante tímida para lo que necesitamos.

En cuanto a los gastos, podemos ver como las transferencias entre administraciones públicas (dinero que se les da a las comunidades) no ha ido en aumento, a pesar de lo que Montoro nos diga para hacer parecer al déficit que ha aumentado solo por esto. 



Han aumentado las transferencias corrientes (12,6%), pero han bajado las de capital (-62,9%), básicamente porque hay ordenes de no invertir en nada.
La remuneración por asalariados ha disminuido un 1,7%, no mucho, pero cada mes va a mas. Y los intereses nos han subido ya un 15%.

No podemos decir mucho más porque gran parte de los servicios prestados están transferidos, por lo que sobre esa evolución, así como para hacer una radiografía completa del déficit, habría que esperar a que publiquen los datos de las propias comunidades autónomas.
Pero atendiendo a los gastos no en contabilidad nacional, sino en la contabilidad de caja podemos ver los intentos por promover esta austeridad como son la caída en los gastos corrientes del 20%, la caída del 24,4% de las inversiones (el único ministerio que aumenta sus inversiones es, como siempre, el de defensa), o la caída en transferencias de capital (en conjunto, es decir, CCAA, locales, empresas…) del 55,5%. No gastamos, no invertimos.

Luego no nos podemos quejar de que no crezcamos sí, además, nuestro sector exterior no ayuda todo lo que debería.

A falta de los datos del resto de las administraciones públicas, podemos ver que, al menos por parte del Estado, la cosa no pinta muy bien. Los ingresos parecen repuntar, y es que las medidas han empezado a tomar efecto, pero los gastos siguen aumentando al margen de la reducción de los gastos estructurales y discrecionales (básicamente por que el ciclo es el que es). Nuevos ajustes se anuncian, y viendo lo mal que se está tratando el tema de Grecia por parte de una Europa manirota, lo que está claro es que políticas de conjunto y de crecimiento (lo único que necesitamos) están al margen de la agenda a seguir. 

Así que nos tocará seguir sufriendo. 


Leer más...

26 nov 2012

¿Peligra nuestro sector exterior?


De vez en cuando merece la pena echar un vistazo a los datos del comercio exterior. Básicamente porque, bajo mi punto de vista, es el factor clave para poder salir (verdaderamente) de la crisis. Esto es, aumentar nuestro nivel de producción y empleo a la vez que reducimos nuestra deuda total para con el exterior.

De vez en cuando nos encontramos unos titulares que parecen indicar que todo va según lo previsto, que todo va bien, como por ejemplo, el que podemos encontrar en la web del ministerio de economía: “El déficit comercial disminuye un 36,4% en septiembre”.

En el siguiente grafico se puede ver la evolución de las exportaciones e importaciones mensuales a precios constantes (y en media móvil) desde 2003:

 Las importaciones siempre por encima de las exportaciones, en una brecha creciente que nos ha metido en todo este lio. Y si bien es cierto que se está cerrando, a este mismo ritmo no será hasta principios de 2014 cuando empecemos a ver un diferencial positivo (en términos reales).
El segundo problema viene del factor que está potenciando esta mejora del sector exterior. Si mejoramos nuestro saldo mediante exportaciones, estamos potenciando nuestra producción y, por ende, el empleo. En cambio si lo que bajan son las importaciones, y no por una mejora competitiva (sustitución de bienes extranjeros por propios) sino por una caída en la demanda nacional (interna y externa), entonces el efecto sobre el empleo deja de ser positivo.
Por desgracia estamos en el segundo caso.
Las exportaciones han aumentado bastante en esta segunda fase de la crisis pero (1) para alcanzar la tendencia que dejó atrás con la primera crisis europea y (2) el ritmo actual ha bajado mucho, ya que el resto de países europeos también están intentando reducir sus importaciones por motivo de sus programas de ajuste.
Y como mostré en el análisis trimestral, la caída en las importaciones no se debe a una sustitución por productos nacionales sino a una simple caída de nuestro consumo total.

 Si bien nuestras exportaciones en términos reales (quitando el efecto por la inflación) han aumentado en torno a un 40% desde 2003, la gran parte de este aumento se debe a la evolución de las exportaciones de bienes intermedios, que han aumentado en un 64%. Los bienes de capital también han tenido un fuerte crecimiento (del 50%), pero es una cuantía tan pequeña (en comparación) que apenas sí ha afectado al total. En cuanto a bienes de consumo, apenas han aumentado un 7%.

En las importaciones la evolución es más pareja. Desde mediados de 2008, las importaciones de bienes de consumo han caído un 26%, y la de bienes de capital en un 37%. Con un consumo y una inversión a la baja nuestras necesidades exteriores se han visto reducidas con fuerza.

Pero si bien nuestras exportaciones se centraban en los productos intermedios, nuestras importaciones también destacan por esa vía. Viendo el saldo (como la diferencia entre exportaciones e importaciones), podemos ver el efecto de cada grupo sobre el saldo exterior:



Aproximadamente, desde mediados de 2008, el 55% de la mejora de nuestro saldo exterior proviene de la mejora en el saldo de bienes intermedios. Un 25% por la mejora en los bienes de consumo y un 20% por los bienes de capital.

Vamos a ver algo más detalladamente cada partida para sacarle algo de jugo con los datos del INE:

Primero los bienes de consumo:
Si bien los productos energéticos y el resto de bienes mantienen una evolución bastante estable, tanto los productos alimenticios (cuyas exportaciones han aumentado un 32% desde comienzos de 2010 y dado que la población de España ha dejado de crecer al mismo ritmo las necesidades de consumo, y por tanto importaciones, de un bien tan inelástico, se han estancado) y el sector del automóvil se han venido arriba.

Este último es de especial interés puesto que los centros de producción están mucho más localizados que la producción agraria. Las decisiones de producción son más discretas, es decir, que de un plumazo te pueden quitar toda una fábrica que da empleo a miles de familias. Esto ha obligado al estado a seguir impulsando las ventas de automóviles con el actual plan PIVE (y los que vendrán) para que el consumo no se resienta a pesar de la subida del IVA. Necesitamos mantener la demanda interna para no reducir las plantas de producción que nos permiten exportar (esto tiene mucho contacto con los teoremas de geografía económica de los que he hablado alguna vez, en concreto el conocido Home Market Effect).

Los bienes intermedios son aquellos que se utilizan en el proceso de producción de los bienes de consumo (bienes finales) o capital (bienes de producción):



Una de nuestras debilidades es el sector energético, y estos bienes mantienen no solo un saldo muy desfavorable, sino que lo siguen aumentando. De hecho toda mejora en el saldo de bienes intermedios proviene de los productos industriales intermedios que están a punto de alcanzar cifras positivas.

En cuanto a los bienes de capital (he eliminado algunas rúbricas que afectaban muy levemente al conjunto):


De nuevo, vemos una tendencia creciente en la mejora del saldo los bienes de transporte terrestre (intuyo que esto puede incluir camiones y otros vehículos que se utilicen para el proceso productivo, a diferencia de los automóviles de consumo final que hemos visto antes) y sobre todo la “mejora” en maquinaria.
Entre comillas, claro, porque la mejora del saldo de maquinaria proviene en un 75% de la caída en las importaciones de maquinaria derivada de una menor necesidad de producción.


En resumen, nuestro saldo exterior ha mejorado pero muy lentamente. Nuestras exportaciones han seguido manteniendo el ritmo (aquí se alude siempre a la gran capacidad española de mantener nuestra cuota de mercado), pero una gran parte de la mejora en el saldo se deriva de una caída en importaciones derivada de una menor capacidad de compra y una menor necesidad de producción.

En un estado en el que queramos aumentar nuestro nivel de producción sin cambiar nuestro modelo productivo (y energético) va a ser difícil no ver incrementar de nuevo nuestras importaciones. Y si el contexto internacional mantiene el deterioro que estamos viendo, nuestras exportaciones no tardaran en entrar en terreno negativo (de hecho ya desde 2011 el crecimiento interanual de las mismas ha ido disminuyendo a un ritmo bastante estable, del 16% al 2,3%).

La cosa no pinta muy bien. 

Leer más...

15 nov 2012

Análisis económico del tercer trimestre de 2012


Un trimestre más, nos asomamos a los datos detallados del INE para ver la evolución de las partidas desglosadas del componente de demanda que conforma la producción de nuestro país durante los meses de julio, agosto y septiembre.

A pesar de las serias dudas con respecto a la adecuación de estas cifras a la realidad económica (es decir, teniendo en cuenta que muy posible lleven tanto maquillaje que cada vez se parezcan más a un payaso, sin gracia, claro), nos dan los indicios de por donde está tirando más o menos la economía (quizás haya problemas en la cuantificación, pero no tanto en la escala cualitativa, de la tendencia económica.

     Contexto internacional


Con toda Europa galopando a lomos de una depresión de caballo, y con Grecia y Portugal ante el estandarte de la gran evolución de los países rescatados (con una caída en este tercer trimestre del 7,2% y del 3,4% respectivamente), las perspectivas futuras sobre el desarrollo de nuestra economía interna y la posibilidad de relegar nuestro crecimiento en la economía externa, se hacen cada vez más negativas.

La evolución temporal sigue siendo decreciente para la mayoría de los grandes países de la eurozona. Reino Unido parece empezar a recuperar terreno, y Estados Unidos sigue con los crecimientos sostenidos aunque tímidos a los que nos tiene acostumbrados. Alemania y Francia siguen dando síntomas de estancamiento y los cuatro magníficos (España, Italia, Portugal y Grecia) siguen siendo los alumnos aventajados, en términos recesivos claro.
El resto de países mantiene una tónica de menor crecimiento exceptuando a los países bálticos que siguen aguantando el tipo.

     Evolución del PIB



En datos generales, la economía ha caído este último trimestre un 1,6% interanual y un 0,3% en términos intertrimestrales. Ambas variables muestran un retroceso en la evolución de nuestra producción que ahonda más en la depresión en la que estamos sumidos.
Ambos datos son ligeramente por encima de los previstos, lo cual le da alas al gobierno de pensar que la cosa está empezando a remontar. Algo que se sigue antojando lejano.
Veamos ahora la evolución por partidas. Como siempre, a partir de aquí los datos son sobre el crecimiento interanual.

     Demanda interna y externa



Uno de nuestros problemas es que nuestra única esperanza, tanto para el crecimiento sostenible, como para el continuo pago de una deuda a todas luces demasiado grande (tanto pública como privada), es el camino de la exportación.

Sin embargo, la evolución cada vez más negativa de nuestros vecinos comerciales (que también se ven sumidos en procesos de ajuste) hace que nuestras exportaciones no aumenten tanto como deberían, y mantener intacto nuestro modelo productivo (y energético) hace que nuestras importaciones no caigan a mayor ritmo que nuestro consumo.

De hecho, la proporción de demanda (consumo más inversión) que satisfacemos mediante importaciones no ha decrecido (de hecho va en un paulatino aumento, ya ha alcanzado el 32%), por lo que el decrecimiento en nuestras importaciones está lejos de ser explicado por una mejora competitiva, sino por un factor puro de demanda.

Con un sector externo estancado y un sector interno en caída libre, nuestra economía seguirá esta espiral recesiva, sin visos de mejoría repentina.


Por otro lado, podemos observar la evolución de nuestro mercado externo por partidas.
En primer lugar vemos como nuestras exportaciones siguen evolucionando a mejor ritmo que nuestras importaciones (que caen). Ya llevamos dos trimestres registrando un valor positivo a nivel corriente (sin descontar inflación) en nuestro sector exterior, sobre todo por las exportaciones de servicios, que cada vez van mejor.

Esto se traduce en que las empresas de servicios, en muchos casos, industriales como ingenieros o arquitectos, están delegando parte de su producción en los países vecinos. Esto tiene su parte positiva, en tanto cuanto permite que sobrevivan ajustándose y globalizándose al mercado externo, pero también hace mucho más probable que estas empresas tiendan a moverse a otro país (cuando los clientes son en gran parte internacionales, el movimiento empresarial se hace mucho más flexible y óptimo para buscar una nacionalidad más acorde y beneficiosa), lo cual podría ser negativo a medio plazo.

Nuestro exterior por tanto, sigue relegando en las exportaciones, no tanto a través del cambio en el modelo productivo, que sigue sin aparecer, sino por el relevo de la escasa producción en servicios que podemos relegar en el exterior (donde se incluye el siempre beneficioso turismo).

     Consumo




El consumo cae un 2,5%, una caída que es dos décimas superior a la del trimestre anterior. El profundo ajuste en el consumo se explica por la consiguiente caída en los salarios de los trabajadores (que caen ya un 5,4%) y en el mayor número de desempleados que por razones obvias no pueden hacer frente a un continuo aumento del consumo.
La necesidad de seguir pagando una deuda privada enorme hace mella, aunque la tasa de ahorro vaya disminuyendo como vimos en el análisis de las balanzas sectoriales.
El consumo de las familias es un 2% menor al de hace un año, y la tendencia mantiene el decrecimiento medio de tres décimas por trimestre.
Y el ajuste del sector público, que alcanza ya casi el 4%, profundiza aun más esta caída. 
Los excedentes brutos sí aumentan (en torno al 3%), pero sabemos que esto contradice a los resultados de otras encuestas como la central de balances del Banco de España, por lo que la cosa no está del todo clara.

     Inversión



La inversión tiene una evolución, si cabe, peor.
Cayendo a tasas cercanas ya al 10%, lastrados por un sector de la construcción que aun sigue aumentando el ritmo de ajuste (cayendo un 12,6%) y por una inversión en bienes de equipo (necesaria para la producción futura) que cae al 7,2%, aunque parece que va a empezar a estancar el ritmo de caída.
Esto denota claramente que sin unas perspectivas claras de crecimiento económico, y con un sistema financiero totalmente muerto, la inversión no puede despegar.
No surgen ideas nuevas ni hay posibilidades de arriesgar (la mayoría de empresas nuevas son de bajo capital intensivo, bares, tiendas…), y las pocas que haya acaban en nada con un sistema bancario que tampoco está dispuesto a arriesgar.
La expectativa a medio plazo es, por tanto, bastante negativa. Y partiendo de que nuestro sector inmobiliario aun no se ha ajustado del todo, que los problemas bancarios siguen estando en el aire, la tasa de morosidad sigue por las nubes y que las medidas fiscales siguen asfixiando a las empresas (pago de IVA incluido), era de esperar.

Por otro lado me gustaría destacar un hecho sorprendente. Siempre que salen los datos de crecimiento trimestral leo que es el consumo lo que ha fomentado la caída en la producción.
En primer lugar, hay que tomar el consumo interno. De nada me sirve que aumente el consumo si es un consumo que implica tener que importarlo de fuera. Teniendo eso en cuenta el consumo interno es el 48% del PIB, la inversión es el 19% y las exportaciones el 33%. Mirando la evolución en tasas de crecimiento está claro que la inversión tiene una mayor caída que el consumo (9,9% frente a 2,5%). Podríamos pensar que como el consumo tiene un mayor peso aunque caiga menos proporcionalmente impacta más en la economía. Y fue así durante un tiempo. Pero ya no. Si tomamos las variables en términos nominales (para poder comparar entre partidas):


La inversión cae en total ya más que el consumo, por lo que ambas variables tienen culpa (y la inversión más) en el desplome de la economía.
Otra cosa sería argumentar que es el hecho de que el consumo va a seguir cayendo lo que hace que las pretensiones y las ganas de invertir se vayan al traste, en ese caso la caída en el consumo podría ser una causa indirecta en la caída de la inversión (argumento que en parte comparto, aunque obviamente no lo es todo).
Esto entra en la casuística d ela biflación. En un proceso en el que los bienes de capital están en terreno deflacionario mientras que los bienes de consumo están en uno inflacionario. En este sentido, el peso de la inversión en la economía no para de caer, y la fuente de crecimiento de medio y largo plazo permanece en un stand-by.

     Producción por sectores




Atendiendo a la evolución de la economía por la vía de la oferta nos topamos con un sector de la construcción que, de nuevo, sigue en caída continua (y aumentando el nivel de ajuste), una industria que se está llevando la segunda ola recesiva de este doublé dip y los servicios, que poco a poco van entrando en terreno negativo también.
Hace ya tiempo que la crisis dejo de ser únicamente un factor condicionado del sector de la construcción, y aunque la burbuja haya sido el inicio de esta catástrofe económica, estamos empezado a adolecer gravemente de la sostenibilidad del resto de sectores, que caen como fichas de dominó.

     Entonces… ¿Cómo estamos?


La evolución de la economía sigue el patrón preestablecido que ya veníamos advirtiendo desde hace tiempo. Ajuste tras ajuste sin la posibilidad de cambiar nuestro modelo productivo al ritmo necesario para poder exportar netamente a unas tasas consistentes, estamos siguiendo la misma estela que nuestros vecinos del sur (y lo que nos queda). Mientras desaprovechamos el capital humano que tenemos y el empleo (variable que nos debería dar autentica vergüenza) lo relegamos a un problema de tercera clase, nuestra economía sigue estrangulándose a si misma para pagar una deuda que se antoja difícilmente pagable en las condiciones actuales.

A falta de conocer los datos del último trimestre de 2012, está claro que encaramos el próximo año con peores perspectivas cada mes. Pasaremos de los 6.000.000 de parados (en base a la EPA), y seguiremos con las mismas recetas y políticas impuestas en base a un déficit que, de momento, va camino de ser superior al del año pasado.

Solo el maquillaje y la creatividad contable nos están salvando de algo que podría ser mucho peor. La pregunta es si podremos remontar (algo que parecía posible cuando el resto de Europa parecía que iba a crecer) o si permaneceremos estancados por al menos otros cinco años (por decir algo corto).  Si seguimos el mismo camino, vamos a lo segundo. 

Escrito por Miguel Puente Ajovin en Caótica EconomíaSígueme en twitter

Leer más...

11 nov 2012

Sobre el centro económico de gravedad en España


Hace ya unas semanas (y recientemente se ha vuelto a hablar de ello), se publicó un curioso mapa adonde se mostraba que el “centro de gravedad” de la economía mundial había cambiado y empezaba a desplazarse hacia Asia.

Pero ¿qué es el centro económico de gravedad?

En física, muchas veces, al menos en los cursos que hice en bachiller, se incidía en el hecho de que se podían tomar los planetas como puntos en el espacio, a la hora de considerar las fuerzas gravitatorias. Este punto generalmente se encontraba en el centro del planeta, ya que al ser esferas es el punto medio de todo el conjunto.
El centro de gravedad nos indica el punto donde se encuentra el promedio del peso total del cuerpo. Si hablamos de un objeto simétrico y homogéneo, la cosa es sencilla. Por ejemplo, el centro de gravedad entre dos puntos iguales será el punto intermedio entre ambos puntos. Cuando el objeto es irregular y el peso se distribuye de forma no homogénea, la cosa se complica un poco más.

¡Economía!


Bien. ¿Cómo aplicamos esto a la economía?
El objetivo es encontrar el centro económico de gravedad, es decir, el punto promedio en el espacio de toda la actividad económica.
Si toda la producción se hiciera en un punto dado del planeta, este sería el centro de gravedad. Si hubiera tres ciudades equidistantes donde produjeran lo mismo, el centro de gravedad estaría en el centro del triangulo.

Pero el mundo no es homogéneo, ni las ciudades o regiones se encuentran equidistantes. La actividad económica se distribuye a lo largo de todo el espacio y el crecimiento económico hace que los pesos relativos y, por tanto, la importancia de los países y los continentes varíen tanto que el centro de gravedad va cambiando paulatinamente de posición.

En este gráfico, a partir de un estudio elaborado por el McKinsey Global Institute, podemos ver la evolución de dicho centro a lo largo de la historia (desde el 1 d.C. hasta 2025).



Sala-i-Martín en un artículo en el que comentaba esta noticia decía que, aunque curioso, no servía de nada. Me sorprende, la verdad.
De primeras, nos permite ver de un vistazo la transcripción de la evolución de la actividad económica en el espacio (derivado de la diferente evolución temporal). Pero calcular el centro de gravedad tiene más usos, como por ejemplo, ponderar las distancias entre dos regiones diferentes (calculando el centro de cada una de ellas) para estudiar los patrones de comercio de forma directa (con la propia ecuación de gravedad aplicada en torno al comercio, migraciones, etc), o indirecta.
¿Cuál es la distancia entre Paris y España? Podría ser cero, ya que tocamos fronteras. Podría ser la distancia entre Madrid y Paris. Podrían ser la distancia entre los centros de gravedad de cada uno de los países. Supongo que habrá estudios de todo tipo, pero, en un sentido teórico, lo más acertado sería coger los centros de gravedad y la distancia entre ellos y, aunque pueda parecer lo contrario, suele ser un elemento muy importante a la hora de estudiar los efectos entre dos regiones en materia económica.

Mi propósito no ha ido más allá de querer encontrar el centro de gravedad para el caso español de una manera sencilla y rápida.
En primer lugar, he simplificado la actividad productiva de una provincia (mínimo territorio del cual se pueden sacar datos en el INE) como si esta se realizará toda en su capital. Es decir, he asociado el centro de gravedad de cada provincia a su capital, para calcular el centro de gravedad de España a partir del conjunto de estos puntos. (No será una medida perfecta, pero no creo que varía mucho la cosa).
En segundo lugar, y siento haberlo hecho pero me parecía lo más correcto, he excluido las Canarias (tirarían mucho para abajo), Ceuta y Melilla.

El resultado:



Sí, no es que sea nada revolucionario. Partiendo de que Madrid está en el centro y tira mucho hacia el, y que la actividad económica está distribuida de una manera más o menos homogénea (quitando Madrid y Barcelona aparecen datos parecidos), obtenemos que el centro económico de gravedad está situado en una zona bastante céntrica. Tampoco es que hayamos cogido muchos años en el estudio como para haber esperado un cambio brutal del centro, que se desplaza solo un poco hacia abajo y a la derecha.
También vemos que el centro poblacional de gravedad está más al sur. Una mera representación de que el norte tiene mayor peso económico con menor peso poblacional, aunque la diferencia no es muy grande.
Por cierto, he mirado a ver si por algún casual había diferencias en la distribución de hombres y mujeres. Y tampoco. El centro de gravedad para cada grupo está prácticamente en el mismo sitio, por lo que la distribución es igual en ambos sitios. 

Concretamente, (ya que me ponía…), en 2009 se podría encontrar el centro económico de gravedad entre Priego y Cañamares, ambos pueblos de la provincia de Cuenca.

Es una solemne tontería, pero no estaría mal hacer los cálculos de una manera más exacta (harían falta afinar mejor las coordenadas, no sería difícil con un programa informático) y que una esfera conmemorativa vaya pasando de pueblo en pueblo cada año como reflejo del centro económico de gravedad. 
No me miren así, peores cosas han hecho nuestros políticos. El único problema es que los datos tardan mucho en salir. A nivel provincial estamos hablando de 2009, y ya han pasado casi tres años desde entonces.


Actualización

Me comentan en los comentarios la existencia de esta web, donde en el Informe económico de La Caixa el Instituto Klein da indicadores aun más específicos, a nivel municipal.

Así que me he puesto a ello. También he conseguido las coordenadas exactas (antes las había creado yo con un sistema de referencia propio). Con excel ha costado hacer un poco el esquema pertinente pero una vez hecho no es más que seguir una sencilla regla matemática. Con más datos, más exactos y más actuales, podemos calcular fácilmente las coordenadas del centro económico de gravedad.
En este caso es en: 40.07317009, -2.795433391, que basicamente es Alcázar del Rey, de nuevo, en la provincia de Cuenca. 


Leer más...

7 nov 2012

Una aportacion al debate hipotecario

Escrito por Juan Ignacio de Juan en El Economista Perplejo


Se ha abierto el debate en torno a las hipotecas en España. La situación del mercado hipotecario es tan dramática como el desempleo, al cual se encuentra irremediablemente unido y, en consecuencia, cualquier solución del primero debe venir por aliviar el segundo. Y como no se espera que las cosas mejoren a corto y medio plazo en el mercado de trabajo, tenemos que hacer ‘algo’ que mitigue los efectos en el mercado hipotecario. Como además es un drama social que está encima de la mesa y provocando imágenes de televisión, es un buen lugar donde hacer un poco de política y ganar unos cuantos votos.
Lo primero que tenemos que hacer es analizar qué es eso del mercado hipotecario. Si lo consideramos como tal, es decir, como un mercado, desde un punto de vista meramente económico se podría analizar con su oferta y su demanda, como cualquier otro mercado. La gran diferencia con cualquier otro mercado donde hay activos es que en este caso el bien que está en juego es real, no financiero, y proporciona una utilidad ‘real’, entendida ésta desde el punto de vista económico.
El concepto clave para analizar un bien es el de ‘utilidad marginal’, definida como el incremento de la utilidad proporcionada por el consumo de un bien cuando se incrementa éste unitariamente. Y ésta es decreciente: a medida que incrementamos el consumo de un bien, las unidades adicionales nos proporcionan menor utilidad. El ejemplo que se suele poner es el del alcohol: las primeras copas son placenteras, pero llega un momento en que su consumo disminuye nuestra capacidad de disfrutar y termina por emborracharnos tanto que imposibilita el fin por el que empezamos a beber. En el caso inmobiliario, la utilidad marginal del bien en cuestión, es decir, de las casas, en la época de la burbuja, no era decreciente: cualquier incremento unitario de las unidades del bien proporcionarían mayor utilidad que la anterior, por lo que la demanda se incrementaba de forma constante. Eso es lo que aumentó la burbuja alimentada con el combustible de la imposibilidad de perder dinero con las inversiones inmobiliarias. ¿Qué haríamos si nos afirman que, por ejemplo, las acciones de una compañía X van a crecer ininterrumpidamente de precio tanto a corto como a medio y largo plazo? Pues comprar y mantener, dado que siempre ganaremos dinero. Y si necesito ese dinero, endeudarme con la garantía de ese activo. Un comportamiento racional lo miremos por donde lo miremos.
En un mercado, desde un punto de vista estrictamente económico, la variable fundamental a analizar es el precio. Es quien equilibra el mercado, quien coordina oferta y demanda y, por lo tanto, la variable a estudiar. Y el precio, desde un punto de vista de la demanda, se determina por lo que conocemos como ‘disposición a pagar’. Y, por lo tanto, depende estrechamente de la utilidad marginal. Cuanta mayor sea la utilidad marginal del bien en cuestión, mayor será nuestra disposición a pagar y, en consecuencia, el precio del mismo. Si además ésta es creciente, el precio del bien será constantemente creciente y los consumidores actuarán según las leyes de la economía adquiriendo unidades a precios cada vez mayores. Esto es lo que pasó con la burbuja inmobiliaria y el comportamiento de la demanda del bien. Como la utilidad marginal era creciente, los precios crecían y la demanda admitía esos precios sin disminuir.
Y, por el lado de los financiadores de ésta situación, es decir, las entidades financieras, lejos de aplacar la burbuja con préstamos más estrictos, la alimentaron conscientes de que el precio subiría por las condiciones del mercado. Es por lo que me quejo amargamente: algo habremos hecho mal los profesores de economía que no hemos transmitido que el mercado inmobiliario en España estaba en un proceso antinatural y que la utilidad marginal caería en algún momento. O no lo hemos contado, lo cual me resulta imposible, o no hemos sido capaces de hacérselo entender a los alumnos.
Sirva esta introducción para sentar las bases de la situación. Nos encontramos con un mercado distorsionado (el de la vivienda), con precios eternamente crecientes, rentabilidades positivas y, en consecuencia, activos con alta rentabilidad y fuerte demanda. La oferta debía crecer para poder satisfacer la demanda e intentar cerrar el exceso. Y eso es lo que ocurrió: la oferta de vivienda creció indefinidamente en un intento de obtener los máximos beneficios posibles en el menor tiempo. Estos incrementos de la oferta no sofocaron los precios que continuaron con la anomalía de la utilidad marginal creciente, y en consecuencia los incrementos de oferta se traducían en incrementos de precios y, por lo tanto, de beneficios explosivos. Y en la participación de ese movimiento, la demanda creciente de trabajadores con el reclamo de salarios cada vez mayores.
Hasta aquí la historia. Cuando pincha la burbuja, por la subida de los tipos de interés, nos encontramos con que la economía se ha envuelto en dos espirales complejas: una espiral precios-salarios (la subida de los precios de la economía provoca incrementos de los salarios) y otra salarios-salarios (los incrementos de salarios en un sector inducen incrementos en otros sectores, aunque la productividad sea diferente). En consecuencia, la pérdida de competitividad de las economías que han vivido de la burbuja. La situación final de todo ello es que se tiene que reestablecer el equilibrio de la única manera posible: despidiendo masivamente al personal contratado con salarios altos, cerrando empresas que surgieron como consecuencia de la situación y manteniendo el Estado el status mínimo de las personas que han perdido su trabajo. Y esto es así porque los salarios monetarios, como advirtió Keynes, son inflexibles a la baja, que sería la otra forma de reequilibrar el mercado.
Después de cuatro años de ajuste en la economía española nos encontramos con un nivel de paro insoportable para una economía (25%), con un gran número de personas que no tienen ningún ingreso en su hogar (más de 1,5 millones), con un desempleo de larga duración en límites extraordinarios y con deudas contraídas muy superiores a la capacidad de pago posible para la mayoría de los hogares. Y esto es lo que provoca los desahucios actuales y los que tendrán que venir en el futuro.
Los ajustes han provocado la aparición de nuevos pobres, gente que podría sobrevivir en un entorno recesivo sin excesivos problemas pero a los que la política emprendida les coloca en situación de exclusión aun cuando tienen un trabajo estable, lo que antes era la garantía de un futuro más o menos garantizado, pero que en las actuales circunstancias provoca que no sea así. Y esa nueva categoría es la que más debe preocupar a los legisladores, dado que la aparición de ese grupo implica un cambio en la estructura de pensamiento de la población y, en consecuencia, un cambio en sus actitudes ante el consumo y el ahorro: no tengo renta suficiente, no puedo consumir y necesito ahorrar, no hago ni una cosa ni otra y paralizo la actividad. Y no hago ni una cosa ni la otra porque las nuevas imposiciones por parte del gobierno me imposibilitan consumir (disminuye la renta disponible) pero también ahorrar (tengo que desahorrar para poder mantenerme).  Es decir, estamos ante una situación que requiere tomar decisiones audaces para evitar que todo el sistema colapse y, por lo tanto, que lo haga el país. Muchos de los debates identitarios actuales tendrían un enfoque diferente si los encargados de hacer leyes y cumplirlas hubieran advertido el cambio de la sociedad antes de que se materializara tan bruscamente. Y la solidaridad se habría afianzado.
Por lo tanto, tenemos un problema complejo que requiere soluciones nuevas que respondan al doble reto de: reequilibrar el sistema económico y rescatar a las personas que empiezan a situarse en una posición de exclusión antes de que caigan en ella. Y el problema es que empezamos a no tener tiempo para aplicar ninguna medida que no proporcione efectos inmediatos. Además, debemos cambiar nuestra forma de pensar abandonando dogmatismos que no permiten solucionar el problema. Tiene que cambiar la sociedad, si, pero también tiene que cambiar el pensamiento para lograr soluciones útiles para todos.
Pero ¿qué soluciones? En primer lugar, hablemos de leyes. No soy experto, pero hay algo que no puedo entender, y que los datos no hacen más que revelarlo: no es posible que gente desahuciada, y sin trabajo, mantenga deudas millonarias con los bancos una vez perdidos todos sus activos. La solución no puede ser otra: pasarse a la economía sumergida, con los problemas que eso causa a toda la sociedad, al estado en su conjunto y a la economía. Los datos son tozudos: mientras las afiliaciones a la seguridad social de los autónomos están cayendo, los trabajadores por cuenta propia en la EPA crecen. La conclusión es evidente: como debo ingentes cantidades al banco, sumerjo mi actividad y dejo de pagar impuestos (y al banco, lógicamente). Por lo tanto, lo primero que habría que hacer es solucionar esa anomalía funcional del sistema. Y debería establecerse, incluso con efectos retroactivos, la dación en pago. Se afirma que eso hundiría el sistema financiero (¿más todavía?) y que incrementaría los precios de las hipotecas (me parece hasta razonable). Pero no se mira al otro lado: gente obligada a sumergir su actividad de forma indefinida no es un buen negocio para nadie (ni incluso para el que trabaja sin las garantías legales).
Con las familias ya ejecutadas y con deudas multimillonarias pendientes, deberían entrar por decreto en un proceso concursal que solucionase su situación, permitiéndoles la regularización fiscal a coste cero. Es decir, una amnistía fiscal, pero para aquellos que realmente la necesitan.
Pero lo más importante es que la situación seguirá empeorando. Como he dicho al principio, los problemas hipotecarios de los ciudadanos están ligados a los problemas de desempleo, y no solucionaremos los primeros sin solucionar el grave problema de nuestro mercado laboral. Se han hecho cosas que afectan al mercado de trabajo que van en la buena dirección, pero no se creará trabajo mientras no se incremente la demanda de la economía, lo cual no está previsto en los próximos años con la política actual. Es decir, debemos cambiar de política, pero de forma imaginativa, no con las viejas fórmulas económicas de keynesianismo, monetarismo o clasicismo que todos estamos pensando. Se ha demostrado que los dogmatismos han dejado de funcionar en las circunstancias actuales. Las políticas keynesianas no nos han sacado de la crisis, pero la ortodoxia monetaria tampoco lo está consiguiendo.
Y debemos conjugar esa necesidad imperiosa de crecer económicamente con el desapalancamiento de la sociedad en su conjunto. Lo más curioso es que ambas condiciones van unidas: si crecemos, podremos proceder a devolver nuestras deudas sin realizar un esfuerzo extraordinario. Sin crecimiento, el proceso de desapalancamiento generará más dificultades. Y los gobernantes, aparentemente, mantienen la misma postura, pero aplican políticas contrarias, centrando las necesidades de crecimiento en el medio y largo plazo, olvidando que el problema es ya acuciante. Por lo tanto, urge crecer pero no hay dinero para ayudar a esa tarea.
Por otro lado, las familias están sin consumir por el grave problema de deuda que tienen y que les imposibilita el consumo y el ahorro. Si esta fuera la situación de un país, de una empresa o de un banco, la solución ya se habría aplicado: una quita de la deuda relajaría las condiciones de funcionamiento y, en consecuencia, su disponibilidad. Pero en el caso de los agentes económicos no se aplica, es más, nos dicen que ‘las deudas hay que pagarlas’ como si eso fuera así con todo el mundo. Por lo tanto, lo razonable es aplicar una quita de las deudas de los ciudadanos de forma que se posibilite su acción económica. Pero sin dañar adicionalmente los balances de los bancos, que ya están muy alterados en su estructura. La solución ideal es una moratoria en el pago de las hipotecas para aliviar la situación, cosa que he propuesto en varias ocasiones.
Y finalmente algo de lo que nadie está hablando, pero que proporcionaría soluciones indirectas: generar inflación, que es la mejor manera de rebajar las deudas. Si hay inflación, las deudas pierden valor y resulta más fácil pagarlas, pero con una política deflacionaria como la que estamos haciendo no sólo no mejoramos la situación, sino que esta tiende a empeorar de forma constante y, lógicamente, retroalimenta la espiral deflación-decrecimiento en la que nos estamos metiendo peligrosamente.
En consecuencia, hay que solucionar los problemas de las personas que ya están en situación crítica (los desahuciados actuales) e impedir que los ‘nuevos pobres’ caigan en esa situación, con lo que podríamos conseguir que la situación, por lo menos, no empeorase en los próximos años.
Ya que se han puesto a analizar el problema, espero que encuentren las soluciones oportunas. Solo he intentado aportar algo al debate.


@juanignaciodeju

Leer más...

4 nov 2012

(Neo, New, Post) Keynesianismo


Muchas veces, ya sea en debates televisivos, programas de radio o blogs de temática económica, se alude al pensamiento keynesiano, derivado del expuesto por John Maynard Keynes, como si se tratase de una única escuela de pensamiento. No está mal para un comentario genérico, pero lo cierto es que hay una gran heterogeneidad dentro de los así llamados “keynesianos”, que puede estructurarse en tres escuelas diferenciadas cuyo eje central de discurso, hipótesis de partida y conclusiones políticas son bastante diferentes.

El desarrollo de estas diferentes escuelas parte, obviamente, de los propios escritos de Keynes, siendo la “Teoría general del empleo, el interés y el dinero” uno de los libros más influyentes para el desarrollo de la teoría económica.

En el discurso que dio Krugman hace poco más de un año en el 75 aniversario de la publicación del ya citado libro dividía el pensamiento keynesiano en dos líneas diferenciadas. Una, centrada en el capítulo 12, que versa sobre la psicología de los inversores y su influencia en un mundo en el que se van formando expectativas en un contexto de incertidumbre. Y otra, basada en el equilibrio general entre una demanda agregada que podía ser insuficiente para dar trabajo a todo el que estuviera dispuesto. Hice una exposición de esa división en su momento.

Aquí quiero hacer una dicotomía más clara, partiendo de las diferentes escuelas así reconocidas, como son la síntesis neoclásica (neokeynesians), el nuevo keynesianismo (new keynesians) y el post-keynesianismo (post-keynesians).

          Neokeynesianism (Síntesis neoclásica del keynesianismo)


Keynes no era muy ortodoxo. Su planteamiento general sobre la economía la realizaba desde un tratamiento discursivo y pocas formulas pueden encontrarse en sus conocidos libros. Era, por tanto, casi una necesidad atraer sus ideas al mundo ortodoxo de los modelos económicos, para que el tratamiento de sus hipótesis y las conclusiones derivadas de las mismas tuvieran un tratamiento más científico (falsable), y pudieran compararse (como así escribiría Hicks) con otros trabajos que trataban temas similares como, por ejemplo, los de Pigou.

Al menos así lo expone Hicks que, en 1937, escribía “it seems worth while to try to construct a typical “classical” theory” para introducir el famoso modelo IS/LM, que sintetizaría las ideas de Keynes sobre el equilibrio general en un contexto en el que los precios estaban fijados por el contexto económico. Se ha convertido prácticamente en la escuela introductoria del keynesianismo en la enseñanza universitaria actual. Pero ya en las conclusiones el propio Hicks recalcaba que el modelo no dejaba de ser una mera simplificación de la estructura teórica que había detrás y que no incluía elementos tan importantes como la estructura y la distribución de la renta dentro de la llama “renta agregada”.

Samuelson y Solow colaboraron en esta reformulación de las teorías keynesianas en un marco clásico que intentaría, más adelante, reformular las teorías macroeconómicas (sobre el comportamiento de los agregados) a través del comportamiento microeconómico de los individuos.

La idea principal que desarrolla esta escuela versa sobre las causas del desempleo, que ocurría cuando el sistema dejaba de estar en equilibrio, por la escasa flexibilidad de los salarios o los precios y, por tanto, las fricciones inherentes del sistema a tender al equilibrio. El objetivo era el de construir la idea de equilibrio general expuesta por Keynes y explicar en base a esta las causas del desempleo no voluntario. El problema es que para ello tuvo que apoyarse en tres ideas fundamentales de la llamada “escuela clásica”:

  • La neutralidad del dinero, que dice que los cambios monetarios no afectan a la economía real.
  • El axioma ergódico, que plantea que el mundo pueda ser predicho, es decir, esté predeterminado por los parámetros del mercado.
  • La sustitución perfecta, que dice que cada bien puede ser sustituido por el consumo de otros bienes.

Pero lo cierto es que Keynes no creía en ninguna de estas tres cosas.
Cuando uno trata de acercarse verdaderamente al pensamiento keynesiano es, justamente, como una refutación a estos planteamiento clásicos. Por ello, a esta escuela se la suele denominar como “bastard keynesianism” y, a aquellos que no la abandonaron (incluso Hicks se arrepintió más adelante), “old keynesians”.

          New keynesianism (nuevo keynesianismo)


Con el auge del monetarismo, la teoría neoclásica, y la ortodoxia económica, este keynesianismo descafeinado no resistió el envite que fue la crisis de los 70. Así, nació la necesidad de volver a las ideas originales de Keynes pero, de nuevo, a través de la ortodoxia económica. Se trató de repetir el invento anterior desde una perspectiva más compleja y más completa. Los modelos más sofisticados podían permitir introducir algunas ideas diferentes de una forma más realista y afín a las ideas originales.

Lo cierto es que el desarrollo de esta escuela se hace en un contexto de gran heterogeneidad entre sus autores. La idea que tenemos de que todos los keynesianos promueven la necesidad de déficits fiscales (quizás una de las ideas más comúnmente expuestas) es erróneo, puesto que ni siquiera todos creen en la efectividad de la política fiscal.

De nuevo, surge la necesidad de realizar modelos basados en una teoría macroeconómica que introduzca en el equilibrio los problemas e ideas que aparecen en un contexto agregado, como pueden ser los bienes públicos, externalidades, fallos de mercado o problemas de información perfecta. Quizás sean estas ideas las que mejor describan el leitmotiv de esta escuela, independientemente del pensamiento original de Keynes que, de nuevo, se pierde un poco por el camino.

Así mismo, la idea de una mico fundamentación de toda teoría macroeconómica se afianza. Se rechaza todo inductivismo, el hecho de trazar las líneas generales de la teoría basándose en la experiencia y la evidencia. Por ejemplo, en vez de partir de que el consumo es una parte de la renta derivada de nuestra propensión marginal a consumir (tautología obvia), se parte de que el consumo forma parte de nuestra función de utilidad y es, a través de su maximización, cuando los individuos deciden cuanto consumir.

Así, estos “nuevos keynesianos” necesitan de ciertas herramientas neoclásicas como las expectativas racionales, que, junto a la posibilidad de que existan varios equilibrios posibles a corto plazo llegan a hacer efectiva la política económica (tanto monetaria como fiscal).

El eje de acuerdo fundamental sigue siendo el que los precios y los salarios (elementos monetarios) no se ajustan automáticamente, por lo que el equilibrio puede no estar asegurado durante bastante tiempo. Un gran interés ha sido dotar de fuerza microeconómica esta idea, a través de toda una batería de elementos como los contratos implícitos, evolución de los mark-up, selección adversa, problemas en las balanzas sectoriales, costes de menú, etc. Además de potenciar el estudio del desempleo no solo a través de la demanda, sino del emparejamiento en el mercado laboral y sus fricciones.

El enfrentamiento fundamental entre la escuela clásica y el nuevo keynesianismo se encuentra en el estudio del corto plazo y su tendencia al equilibrio. En el largo plazo, la economía de oferta cobra un mayor protagonismo (incluso algunos creen en la ley de Say) y la neutralidad del dinero adquiere más fuerza.

Actualmente, la macroeconomía avanzada da cuenta del debate y las ideas en torno al desarrollo de estos equilibrios en el corto y medio plazo, en base a modelos más variados, específicos y sofisticados.

          Post-keynesianism


Paralelamente al nuevo keynesianismo, surge el post-keynesianismo, que es el intento de retomar las ideas originales de Keynes al completo, actualizándolas consecuentemente en torno al desarrollo de una nueva escuela más próxima al autor. No se trata por tanto de convertir algunas ideas de Keynes en un contexto ortodoxo, sino de seguir el espíritu de sus ideas en el desarrollo de una teoría económica que no tenga porqué seguir los cánones de la ortodoxia.

Una de las principales críticas que hacen los autores post-keynesianos es la mala representación que se hace de las ideas originales de Keynes por parte de los autores de las dos escuelas previamente descritas. Esto no quiere decir que todas las ideas del post-keynesianismo surgan o sean originales de Keynes, sino todo lo contrario. No tratan de “copiar con diferente letra”, sino de inspirarse y seguir el análisis por la senda abierta (y ni mucho menos cerrada) por Keynes. De hecho, los primeros autores  de esta escuela son los propios estudiantes de Keynes.

El punto de ruptura surge en el inicio del desacuerdo, el propio modelo IS/LM, y la consideración de que es la rigidez en la flexibilidad de precios lo que causa el desempleo no voluntario.

La primera de las criticas a la escuela clásica, la noción de “neutralidad del dinero”, causa todo un desarrollo analítico sobre los efectos monetarios en la economía. Desde las restricciones que el crédito puede causar en la demanda efectiva, la endogeneidad del crédito (o imposibilidad de elegir el nivel de oferta monetaria y el tipo de interés a la vez), los desarrollos sobre la formación de burbujas o la inestabilidad financiera de Minsky, y la más reciente Teoría Monetaria Moderna.

En segundo lugar, la estructura en la preferencia de activos líquidos o monetarios y el hecho de que parte de estos no son perfectamente sustitutivos en el corto plazo en bienes o servicios hace que pueda originarse una demanda ineficiente para una estructura productiva determinada.

Unida al hecho de que el futuro no puede ser predicho, en base a la incertidumbre como eje fundamental, hace que la inversión pueda ser demasiado inestable como para hacer que en el medio y largo plazo se vuelva a tender al equilibrio.
Durante una crisis, la gente puede tener preferencia a guardar más dinero, atesorar o ahorrar (ya que le da una cierta seguridad tener dinero líquido), y que las inversiones se localicen en otro país (por la incertidumbre en torno al desarrollo de la crisis), deprimiendo aun más la economía. 

Por supuesto, parte de estos desarrollos (muy variados), forman parte de la heterodoxia económica al no ajustarse o, directamente, rechazar varias ideas que conforman el mainstream de la economía actual.

También hay que añadir que algunos autores incluyen, sino dentro del post-keynesianismo sí muy cercano al mismo, al pensamiento derivado de Sraffa y de Kalecki. 

          Conclusiones


Espero que haya quedado claro que hablar del keynesianismo como tal es útil en un contexto muy general, pero puede no ser muy acertado en un uno en el que el análisis del pensamiento económico sea la clave. Como podemos ver en la siguiente tabla, las diferencias entre el nuevo keynesianismo y el post-keynesianismo son notables, aunque ambas estén más próximas entre si que junto a otras teorías como puedan ser el monetarismo de Friedman o la escuela austríaca.

Fuente: La relación entre la nueva economía keynesiana y la economía postkeynesiana

Me gustaría enfatizar aquí la divergencia metodológica expuesta en la tabla. Si bien la ortodoxia económica (y por tanto el nuevo keynesianismo) intenta establecer y formular modelos generales que intenten simular el comportamiento económico con el fin o el propósito de entender su funcionamiento y poder, con ello, predecir (siendo estas predicciones las que se validan y contrastan con la realidad), la propuesta del post-keynesianismo se basa en partir de la realidad establecida y explicarla a través de modelos que, de partida, se asumen que no son universalmente válidos. El énfasis, por tanto, pasa del objetivo científico de predecir en el caso de uno, a explicar, en el de otro.

Por último, reseñar el hecho de que cada autor, dentro de una misma escuela económica, tiene sus particularidades y propios desarrollos, que amplían y dotan de ciertos matices teóricos (y filosóficos) que son los que dan vida e interés a los debates y los que hacen que el desarrollo y la construcción personal de un pensamiento único y propio sea mucho más útil y e interesante. 

PD: Para describir una escuela económica en particular habría que escribir (y así se ha hecho por parte de numerosos autores) varios libros. Ya no digo nada si lo que se intenta es enmarcar varias escuelas y contraponer unas con otras. Lo aquí expuesto no es más que un resumen muy simplificado de cada una de las escuelas y sus diferencias.  

Fuentes:
------------------------




Leer más...