Escrito por Miguel Puente Ajovin en Caótica Economía / @caoticaeconomia
Estando
sumidos tal y como estamos en una crisis ardua, profunda y, se pronostica,
larga, parece imposible escapar del
manido debate sobre los impuestos o necesarios recortes del sector público.
El debate
parece haberse extremado hasta tal punto de haber desdibujado un poco la crisis
en la que estamos y, por tanto, las formas que tenemos de salir de ella.
Lo
primero que habría que decir en momentos como este en donde todas las
medidas tomadas para la recuperación tienden a intentar reducir el déficit público es que este no es la
causa de la crisis, sino un síntoma más. Un síntoma más como puede ser la elevada tasa de paro de la que nuestros
políticos
ya se han olvidado, o la depresión de la actividad económica.
Una de
las causa de nuestra crisis es el elevado endeudamiento privado de nuestra
economía,
endeudamiento que únicamente podremos pagar si, 1º: Crecemos (es difícil pagar deudas si no generas
renta para ello), 2º: Exportamos más de lo que importamos.
Lo
primero es difícil de solventar si únicamente miramos a una de las caras de la moneda, que es
el sector público, lo segundo algo que está aun por llegar.
Va a ser
un proceso largo porque hay mucha deuda que devolver, así que debemos cambiar nuestra
posición
exterior radicalmente. No es necesaria una dieta de verano, sino unos cambios
adecuados en nuestros hábitos de consumo.
Pero lo
cierto es que es complicado potenciar la mejora de nuestro sector exterior,
para lo cual, muchas veces, se nos dice de forma simple que debemos ser
"competitivos". Y sí, en cierto modo es una obviedad, pero lo complicado es
llegar a serlo. Esto me recuerda a una compañera del instituto que me
preguntó una
vez si tenía coche. Le dije que tenía trece años y me contestó: ¡Pues crece!
Desde algún prisma lógico alternativo, la respuesta
tenía
sentido.
La teoría Heckscher-Ohlin del comercio
internacional te dice que un país va a exportar bienes que sean intensivos en aquello en
los que el país es abundante. Un país con muchos trabajadores y poco capital exportará bienes agrarios y materias
primas. Un país desarrollado con mucho capital por trabajador exportará bienes de capital (muy
resumido todo). La pregunta que hay que hacerse es, ¿en qué queremos competir? Bueno...
lo digo como si pudiéramos elegir. Mejor esta: ¿en qué podemos competir?
Si
invirtiéramos
en capital humano podríamos especializarnos en exportaciones intensivas en capital
humano (sectores TIC, investigación y desarrollo...), pero al paso que vamos yo me veo
compitiendo con los chinos, y en palabras del mismo Rajoy: A ver como compite
usted con los chinos.
España es Sol-abundante (oh yeah,
no sé si
ese término
se habrá
usado alguna vez), y por tanto exporta bienes Sol-intensivos: Playa, turismo...
Está
bien, pero necesitamos algo más, básicamente porque eso ya lo teníamos y nuestra balanza de
pagos se resentía igual.
Uno de
los problemas es pensar que esto se va a solucionar en un pis pas. Y a la luz
de los datos podría parecerlo: Miguel, no te enteras, no has visto como
nuestras exportaciones están creciendo mientras nuestras importaciones caen. ¡Ya nos estamos ajustando!
Ojalá...
Desde
luego, nuestro sector exterior sí que ha sido de los que más han resistido el embiste.
Han conseguido que nuestra producción cayera menos que nuestra demanda interna, manteniendo más o menos cuota de mercado
durante la crisis. Y es que lo cierto es que España no peca de falta de
competitividad en aquellos que compiten. Lo que falta es que se apunten más al carro. Como apuntaban en
Politikon, probablemente nos falte mejorar nuestra heterogeneidad empresarial,
potenciando más la expansión y el crecimiento de nuestras empresas y dejar un poco de
lado el mantra de que las Pymes dan el 80% del trabajo. Pero tengo miedo de
decirlo muy alto porque Rajoy se lo toma todo tan a la tremenda que es capaz de
prohibir que las empresas tengan menos de X trabajadores.
Mucho más discutible es el ajuste que
se ha producido en las importaciones. A la luz de los datos, uno ve que han
estado cayendo pero esto puede deberse a dos causas:
- Caída en las importaciones porque
somos, efectivamente, más competitivos, de forma que parte de nuestra demanda la
satisfacemos cada vez más con productivos españoles.
- Caída en nuestra renta / demanda,
de forma que, simplemente, demandamos menos bienes, internos y externos, lo
cual implica caída de nuestras importaciones.
Hay una
diferencia crucial, y es como digo, la que hay entre hacer una dieta de verano
o un plan de cambios en nuestros hábitos de consumo. Si solo hacemos dieta, y nuestras
importaciones caen porque cae nuestra demanda, en cuanto pase la recesión volveremos a importar al
mismo nivel que antes, y por tanto el punto 1º y 2º que decía antes (crecer y exportar
netamente) no se darán a la vez.
Si en
cambio lo que cambia es nuestra competitividad, el efecto en la reducción de importaciones es
sostenible en el tiempo y nos permitirá ajustarnos, al tiempo que crecemos.
Y
entonces vamos a los datos, y encontramos que la proporción de la demanda que
satisfacemos con bienes externos disminuyó tajantemente durante la crisis, probablemente por un
efecto mucho más cíclico, y posteriormente se sucede un ajuste continuado
hasta la misma proporción que teníamos antes. Es decir, nos encontramos en el primer caso.
Atendiendo al mercado externo, la gente importa menos, sí, pero porque demanda menos.
De hecho, en los últimos tres años, ha bajado más la demanda interna que la demanda externa.
Podemos
ir primero a los precios. Ganaremos más competitividad si nuestros precios aumentan menos que los
de nuestros competidores. Pero esto adolece de un hecho básico, y es que el comercio no
se traduce siempre en vender más a menor precio. De hecho, algunos de los países que han aumentado su
capacidad exportadora lo hacían con niveles de inflación superiores a la media.
Exportar bienes en los que estás especializado (y donde hay, por tanto, menos competencia,
el ejemplo básico es aquellos que tienen materias primas, petróleo, pero también puede derivarse de una
especializad industrial propia de la economía, derivada de la concentración industrial), o crear nuevos
productos te garantiza una gran porción del mercado no siendo el más competitivo, sino
"creando" nuevos mercados o, simplemente, dominándolos. Por ello, atender solo
a los precios no es óptimo.
Aun así. Si atendemos a la evolución de los bienes importados y
los bienes exportados, vemos que desde 2006 los precios de exportación (nuestros) crecen más que los de importación. En 2009 parece que
corregimos algo pero seguimos cayendo, si bien desde mediados de 2010 sí que es cierto que estamos
empezando a corregir la diferencia, aunque los últimos meses, ya en 2012,
parece que se vuelve a revertir. Desde luego, nada muy claro, pero de
recuperación destacada, nada.
Otro
indicador predilecto son los costes laborales unitarios (el clu). Pero esto
realmente tampoco es un buen indicador de la competitividad de un sector.
Primero, porque solo informa de una parte (pequeña) de los costes de producción, y se salta por el camino
los posibles aumentos de productividad que son los que realmente indicarían si una empresa es más o menos competitiva.
"Tonto,
¡pues
usa la productividad media!" Ya claro, pero eso tiene problemas, como
digo, al no poder diferenciar entre una mejora productiva agregada o un
espejismo cíclico.
Estando
en crisis, los primeros que se van a la calle suelen ser los menos productivos.
Esto hace que baje el empleo más de lo que baja la producción y que, por tanto, aumente la
productividad media. Pero esto no se debe a que aumente la productividad en los
procesos de producción, y cuando vuelvan a contratarse a los menos productivos,
volverá a
disminuir la productividad media.
Por último, podemos observar los
indicadores externos de competitividad, como el que hace el The Global Competitiveness Report. ¿Qué encontramos? En términos generales, en 2008 estábamos en el puesto 29, en 2011
en el 36. Hemos caído por tanto en siete puestos. Podemos preferir observar la
valoración y
no solo el puesto. En ese caso caemos de un valor de competitividad de 4,72 a
4,54.
En
aspectos básicos pasamos del puesto 27 al 38, cayendo de 5,34 a 5,18.
En eficiencia caemos del 25 al 32, cayendo de 4,75 a 4,58, y en tercer lugar,
en innovación, bajamos del puesto 29 al 33, cayendo de 4,25 a 4,03.
Aun así, los datos eran aun peores en
2010. Pero desde está óptica no hemos estado ganando tampoco mucha competitividad, la
crisis ha ahondado, de hecho, en ella.
En
definitiva, uno de los factores que más debería preocuparnos como es la competitividad y nuestra posición exterior, está pasando por el debate político-económico sin pena ni gloria. Si
bien no tengo la respuesta, ni de como potenciar nuestro sector externo, ni de
como ha evolucionado efectivamente durante la crisis, ya que no existen
indicadores óptimos que tengan en cuenta todos los aspectos. Espero, simplemente, haber posicionado ciertas piezas en el tablero
Fíjate, con un poco de hacer las cosas bien, se me ocurre que el factor 'sol intensivo' podría explotarse mucho más allá del turismo. ¿Qué tal una universidad que atraiga mucho más a los estudiantes más brillantes del extranjero, y no sólo a los 'orgasmus', por ejemplo? Nuestro clima no es sólo apto para el turismo: también es bienestar para quien no esté atado a otro lugar.
ResponderEliminarUna cosa es clara: si esperamos salir de esta crisis siendo Alemania, que es lo que en ocasiones parecemos pretender, bien podemos esperar sentados.
¿A nadie se le ha ocurrido ofrecer España como "un lugar para vivir"? Rollo "Ofrecemos buen clima, sanidad pública de calidad, enseñanza pública de calidad, baja delincuencia, ocio por un tubo, etc.... así que tráete tu mediana empresa y a tu familia, afincate en España, cotiza en España... vivirás mejor y serás más feliz". Y a tomar por culo nacionalismos inútiles. Dejemos de pensar en esto "como un país", y pensemos más en ello como una región que podría atraer a gente de cualquier lugar de la UE.
ResponderEliminarYa que no tenemos un desarrollo empresarial/industrial/tecnológico adecuado, y parece difícil solucionarlo con material autóctono, traigámonos empresas y profesionales de sectores y orígenes de todo tipo para ir generándolo.
Vienen a vivir, pero no a trabajar. ¿No está mallorca llena de alemanes? Nos falta dar la puntilla...
ResponderEliminarSupongo que medidas clave, como la implantación del inglés -de verdad, no como venimos haciendo -casi harían que dicha "puntilla" se diera sola.
EliminarDe hecho, da la casualidad de que conozco a un investigador alemán que ha venido a España por la calidad de vida. Pero lo ha hecho gracias a que sabía hablar español, que si no habría tenido que seguir aguantando el clima del norte. Semos asín.
EliminarEstá llena de jubilados y de alemanes de vacaciones, no gente en edad de trabajar afincados de manera permanente.
ResponderEliminarPor eso lo digo, que nos falta algo para atraer a los trabajadores. Lo unico que atraemos son emprendedores chinos que se hacen con todas las naves xD.
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