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11 sept 2012

Notas sobre la independencia de la Comunidad X. ¿Les convendría?

Escrito por José Luis Ricón en Artir contra el mundo


Me gustaría generalizar un análisis inicial al hecho de la independencia de una comunidad, a la que he llamado X, mirando su idoneidad o no según varios criterios que he considerado relevantes. No he mirado datos para una comunidad en concreto (Aunque todos sabemos que este artículo surge a raíz del tema Catalán : ) )

La consecuencia inmediata de la independencia sería que la recaudación en X a se quedaría en X. En principio, si lo que se recauda ahí es mayor de lo que el Estado le transfiere, saldría mejor parada independizándose. Por este criterio, saldría a cuenta a toda comunidad que aporte más que reciba independizarse, desde un punto de vista meramente ‘gorrinil’.
Luego tenemos un posible asunto arancelario. Si hacemos un ceteris paribus y las relaciones entre la comunidad X y España en materia comercial no ven modificadas en represalia por el Estado Español, no habría nada que temer. En caso de que sí se modificasen, serían un punto a favor de la permanencia. Personalmente opino que tales represalias comerciales no serían llevadas a cabo.
A continuación está el tema de la mayor competición fiscal: Haciendo ceteris paribus nuevamente, esto es irrelevante. Pero de no ser así, introducimos esta nueva variable y vemos qué pasa: Si la región baja los impuestos (asumiendo que el incremento de la actividad económica de ello derivado supliese la caída de tipos en la recaudación, o si se produjese un recorte de gasto público paralelo), producirá un incentivo a establecer allí empresas (Si se ha reducido el IS), desplazar capitales (IRPF, tasas varias) o incluso la residencia (IVA y otros). Esto genera una presión sobre los demás países para bajar los tipos, pero esto no es más que la sana competición del ‘mercado’ en el que están inmersos los países y donde en vez de votar a golpe de billete, votas con los pies estableciendo tu residencia (o la de tus capitales) en uno u otro país. Así que igual nos encontraríamos un éxodo hacia la comunidad X, que se ha convertido en un nuevo paraíso fiscal, en detrimento del resto de habitantes de España.
Claro está, España podría recoger el guante e igualar la rebaja o reducir tipos fiscales hasta que no compense a la gente establecerse en X. Si la gente valora más unos determinados servicios públicos a cambio de unos impuestos más altos que no tener esos servicios pero tener impuestos más bajos (por la razón que fuere), no se producirá éxodo (pensemos en los nórdicos y lo contentos que parecen estar), pero si por otro lado la comunidad X ofreciese unos servicios que igualasen a los de España o si a la gente le compensase no tener los servicios y disponer de más renta, sí que podría establecerse un flujo migratorio hacia X. Esto le sería positivo, en detrimento de España.  Pero  esto (que los ciudadanos Españoles ‘huyan’ a X) querría decir que claramente prefieren el modelo de X, y hacer permanecer a X en España sujeta a su modelo que en este caso consideraríamos más ineficiente sería un inconveniente constante, desde este punto de vista, para los habitantes de X y sería un motivo para su independencia.
Por otro lado, si subiesen los impuestos y se convirtiesen en un infierno fiscal (para pagar su enorme deuda, por ejemplo), las consecuencias serían exactamente las opuestas y les resultaría claramente perjudicial.
¿Qué combinación de opciones se producirían? ¿Qué darán como resultado? Eso ya no lo sé y necesitaría datos para intentar elucubrar algo realista. Pero en principio las posibilidades del modelo son las arriba expuestas.
¿Qué pasaría si todos se independizasen y se convirtieran en minipaíses? Así a bote pronto, los países pequeños de hoy (que tengan un gobierno medianamente decente) son unos lugares bastante buenos para vivir. Da qué pensar.
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Incoherencias e independencias

Escrito por Germán García Aguilar en No todo vale

¿Podéis imaginar que algún país pida la capacidad de emitir moneda… ajena? Suena descabellado. Y está claro por qué:

Emitir moneda -y gastarla en el acto, se entiende -tiene un coste y un beneficio (produce devaluación, inflación, inseguridad, pero puedo emplearla para pagar cosas a partir de… ¡la nada!). Si yo emito la moneda de mi país vecino obtengo todo el beneficio de hacerlo, mientras que es él el que se lleva todo el coste. Un chollo para uno, una putada para otro. Hacer algo así es poco menos que declarar una guerra, claro.

El federalismo fiscal es la rama de la ciencia económica que se dedica a estudiar estas cosas cuando no resultan tan obvias. No conoce de banderas, por supuesto, sino de localidades y ‘regiones’ de tamaño variable en las que establece niveles de gobierno. Ahora mismo, en España tendríamos gobierno local (de tu ciudad), gobierno autonómico, gobierno nacional y gobierno europeo, y aunque los hemos conformado de una forma desastrosa (que probablemente beneficie a algunos y perjudique en mayor o menor medida a todos: por desgracia habrá regiones a las que les salga a cuenta) tiene sentido que lo hagamos así.

¿Por qué? Porque ello nos permite tomar decisiones que de otra manera sería imposible. El tema es complejo para lo que mi mente se puede expresar tras una jornada estudiantil, pero prácticamente siempre comparte la premisa del ejemplo de imprimir moneda: Que aquél que obtenga el beneficio, soporte el coste.

Una vez establecidos estos sistemas, a las partes más o menos pequeñas del mismo la independencia tiende a resultarles una idea apetitosa: Por lo general, independizarse no te quita de los beneficios y sí de los costes. Para ejemplarizar: Si una región española fuera independiente, un posible programa de estímulo (un aumento del gasto público para aumentar la demanda agregada) español pasaría por su economía casi tanto como por aquella en la que se ha efectuado el gasto. Así, recibiría el mismo impulso económico sin asumir costes (el estado español ha tenido que subir impuestos o endeudarse para ejecutar ese gasto): Una ganga.

Además, también puede beneficiarse de las bases fiscales móviles, esto es, de aquellas fuentes de ingreso públicas que pueden decidir dónde tributan. Es el caso de todo paraíso fiscal: Al ser tan pequeños, los capitales financieros extranjeros que llegan para tributar a sus menores tipos impositivos compensan de sobra los ingresos que se dejan de obtener por la menor recaudación de sus (encantados) ciudadanos. Los países vecinos que quieran establecer tipos más altos sobre capitales financieros deberán controlar su movilidad, dado que éstos tratarán de emigrar al paraíso fiscal... pero ese es un coste que asumirán ellos, y mientras su eficacia no sea total y sigan llegando capitales suficientes como para compensar al pequeño paraíso, su modelo seguirá siendo un chollo.

Claro, si todos fuéramos paraísos fiscales y los capitales extranjeros dejasen de tributar entre mis fronteras, la broma ya no sería tan divertida, y quizás se diera la desfachatez de que los ciudadanos de vastas regiones quisieran economías con un tipo impositivo concreto pero por la falta de coordinación se vieran obligados a establecerlo lo más bajo posible.

La pregunta que deben hacerse los catalanes es si es esto lo que pretenden ‘reclamar’ (algo que previsiblemente no pueden obtener; por algo no lo hacen todos) o si, quizás, lo que buscan es una coherencia en el reparto de competencias autonómicas que, efectivamente, no existe en España. Una que, por cierto, podría indicar que en unos años ningún español o catalán debería estar obligado a estudiar o atender a sus clientes en sus respectivos idiomas nativos... sino en inglés.
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