4 ene 2013

¿Globalización? Sí, gracias

Publicado por @Aniwarm en El blog de Marina.


El debate
En los últimos veinte años nos hemos visto envueltos en un debate que va en aumento. Podríamos decir que comenzó con la publicación en 1992 del polémico libro de Fukuyama que surgió a raíz de la caída del muro de Berlín, El fin de la Historia y el último hombre, en el que expone que la lucha de ideologías ha terminado, y que con el fin de esta batalla sólo queda esperar que las dictaduras que quedan vivas se vayan convirtiendo progresivamente en democracias liberales. Y en consecuencia este hecho aliviará las tensiones entre las culturas y asistiremos a una homogeneización que necesitará del pluralismo para ser estable.

Unos años después, en 1996, Samuel Huntington contestó, aparentemente, a Fukuyama con Choque de civilizaciones. Es un libro en el que sostiene que el final feliz que presupone la tesis de Fukuyama no es factible por el hecho de que las civilizaciones siempre van a estar enfrentadas y que los conflictos entre unas culturas y otras no tienen por qué cesar. Esto es, las sociedades tienen tablas de valores, a menudo, significativamente diferentes, por eso es de ilusos pensar que algún día dejará de haber enfrentamientos entre ellas.

El debate no hizo más que crecer con la aparición en 2001 de un tercer libro, La sociedad multiétnica, de Giovanni Sartori. En la primera parte del libro se dedica a esclarecer los conceptos sobre los que hablará más profundamente durante toda la segunda parte de la obra. Sartori contrapone “pluralidad” a “multiculturalismo”, y argumenta que cuando hablamos de las sociedades multiculturales estamos haciendo referencia a sociedades en las que las culturas están yuxtapuestas y sin voluntad de aceptación por parte de unos y de otros. Sin embargo, para él la pluralidad es la solución porque contiene la tolerancia. Es decir, las culturas no se importunan. Pero al necesitar de la reciprocidad en la respeto siempre será más difícil y nos encontraremos con problemas, aún sí, no serán mayores que los de la multiculturalidad, por eso seguirá siendo la solución para Sartori. En la segunda parte del libro Sartori se pregunta hasta qué punto es posible y positiva la integración de otras personas que tienen costumbres muy diferente a las nuestras en otras sociedades y se muestra reacio a aceptar oleadas de inmigrantes a Europa, por ejemplo.

Yo, sin embargo, me atrevería a afirmar que ni es el fin de la historia de las batallas ideológicas y culturales, ni el choque de civilizaciones va a ser tan violento como lo ha sido hasta ahora, aunque no me parece que vaya a desaparecer. Tampoco me parece que la inmigración sea un problema demasiado preocupante. Para justificarme me apoyo en la globalización y la dependencia entre países y también sociedades y culturas que genera. Tiendo a pensar que la dependencia hace más estrechas las relaciones entre estados y que estas hacen que aumente el reconocimiento y la tolerancia. Pero la globalización también puede traer problemas en la diversidad, tema que trataremos después.

El problema de la diversidad cultural
Es difícil tratar sobre estos temas porque cuando miramos a nuestro alrededor no vemos qué está sucediendo con nuestra cultura. La globalización nos permite ver a españoles llevando ropa sueca hablando ruso en África mientras escuchan música hindú, y este es sólo un ejemplo. Podemos ver situaciones parecidas allá donde vayamos. ¿Dónde estaría la cultura española ahí? ¿Y la africana? Todas las culturas se están mezclando y es por eso por lo que muchos países están protegiendo las suyas.

¿Es buena o mala la homogeneización para las culturas? ¿Y para la diversidad y las personas?


Antes de profundizar más en este tema deberíamos aclarar de qué hablamos exactamente cuando decimos “cultura” y para ello acudiremos a su definición en el diccionario de la Real Academia Española. En él se nos indican dos acepciones que nos interesan, aunque hay más. Utilizaremos las dos, ya que se refieren expresamente a la cultura de algún lugar concreto, como puede ser la gastronomía española, o el cine británico. Y son las que exponemos aquí:


  • Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
  • Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.


Si consideramos el hecho de que la globalización está cada día más presente que nunca y pensamos en la cultura a la vez nos daremos cuenta de que surge una cuestión en la que el camino de la cultura parece dividirse en dos. Esta cuestión es un problema principalmente político, por eso podemos ver cómo los responsables intentan solucionarlo con restricciones en las aduanas, por ejemplo, para ciertos productos en según qué países. El problema es que cuando ya no hay barreras entre las diferentes naciones hallamos una mezcla de culturas que si bien rica a veces también puede ser perjudicial para la diversidad.

El principal argumento que encontramos en contra de la globalización de las culturas es que esta hace que disminuya la diversidad cultural y contribuye al “monopolio americano”, si es que se puede llamar así. Los hay también que, en su odio hacia todo lo que tenga que ver con América, se acogen a esta idea para rechazar todo aquello que provenga de allí.



Esto criticaba Jean Francois Revel en su libro La obsesión antiamericana, donde ve al antiamericanismo creciente como el precio a pagar por el éxito y considera que es fruto de la desinformación, o peor, de la voluntad de ser desinformado. Para él no hay avance sin libertad. Similar opinión presenta Tyler Cowen en su artículo “The Fate of Culture”, donde, finalmente, rechaza la idea antiamericana y antiglobalización y concluye que ésta es positiva aunque algunas culturas minoritarias se pierdan y otras grandes ya no lo sean tanto.

Cowen también trata de refutar la conclusión a la que llegan los detractores de la globalización por la conservación de la diversidad cultural argumentando que hay varias definiciones de “diversidad”. Afirma que también se puede considerar diversidad la cantidad de opciones y oportunidades que hay dentro de una sociedad, y la globalización es lo mejor que nos podría haber pasado ya que ha conseguido hacernos más libres, y gracias a su aceptación prácticamente mundial podemos elegir sin problema qué tipo de comida queremos comer, en qué lugar queremos vivir y qué cultura nos gusta más. Es decir, ha permitido que ya no estemos sometidos a la “tiranía del lugar”.

Es fácil llegar a la conclusión, pues, de que la libertad que nos da la globalización y que nos sirve para poder escapar de culturas opresoras que tienen costumbres “discutibles” favorece la desaparición tanto como de esas costumbres como de esas culturas y, por lo tanto, propicia también la creación de culturas más justas y con costumbres menos violentas. Pero aunque todo esto suena muy bien cuando hablamos de costumbres y culturas no es tan fácil, pues estas vienen impuestas por la sociedad, por la familia, y en definitiva son las raíces que nos unen a “nuestra tierra” . Y si hablamos de culturas indígenas, o aisladas, simplemente, la tarea se hace más difícil. ¿Cómo va a escapar alguien de una cultura abusiva y arbitraria si no sabe la existencia de otras más pacíficas y tolerantes?

El choque de culturas
Una vez que las culturas pueden, y de hecho ya lo llevan haciendo tiempo, mezclarse nos encontramos con otro problema. ¿Va a ser buena la convivencia entre personas cuyas costumbres chocan? La película Oriente es Oriente (Damien O’Donnell, 1999) puede ser un buen ejemplo para ilustrarnos.



Se nos pone en escena una familia de padre musulmán —yo diría que bastante extremo—. Además, no sólo lo es él, sino que pretende que sus hijos también lo sean para quedar bien con la comunidad islámica y no tener que renunciar así ni a sus principios ni a su cultura. Ellos tienen una madre occidental más permisiva que entiende que sus hijos no quieran profesar el islam ya que sabe que serán más felices así, pues se han acostumbrado a la cultura occidental más que a la oriental. Y no sólo se han acostumbrado más, sino que les da más libertad y por eso la prefieren.

Durante la película podemos ver cómo se suceden uno tras otro los problemas que surgen de las diferencias culturales: un hijo no acepta casarse con la mujer que se le asigna, otro finge ser ingeniero aunque en realidad está estudiando Arte, mientras que todos huyen despavoridos al ver llegar el coche que les lleva a la mezquita e incluso se dan episodios de maltrato físico por parte del marido a la mujer. La cuestión que nos ocupa después de que la globalización sea un hecho es cómo evitar este tipo de situaciones. Puede que Sartori tuviera razón y que la limitación de la inmigración a sólo aquellos inmigrantes capaces de integrarse —o sea, capaces de ser tolerantes— fuera una respuesta.

9 comentarios:

  1. Yo no veo tan claro que la globalización traiga la homogeneidad cultural a menos que todos nos identifiquemos con la misma comunidad imaginada.

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    1. En cualquier caso, globalización, por supuesto.

      ·"En defensa de la globalizacion" Johan Norberg: http://youtu.be/nNkA1uJwL4Y
      ·"Inmigración y modelos de integración: entre la asimilación y el multiculturalismo": http://www.ruct.uva.es/pdf/Revista%207/7106.pdf
      ·"Madrid, ciudad para compartir: Una investigación sobre el Modelo Madrid de integración de los inmigrantes": http://bibliotecademauriciorojas.files.wordpress.com/2012/03/madrid-ciudad-para-compartir-1.pdf
      ·Definición de Globalización en la Indianopedia: http://lasindias.net/indianopedia/Globalizaci%C3%B3n

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    2. Yo tampoco lo tengo demasiado claro, conste. De todas formas tiendo a pensar que así está siendo y será, más que nada porque es lo mejor que nos podría pasar y porque la mayoría de observaciones apuntan a esa conclusión.

      Y bueno, no me refiero a que todos al final seamos de una misma cultura ni sociedad, simplemente pretendo apuntar que poco a poco y gracias a la globalización al mismo tiempo que aumenta lo parecidas que son unas y otras culturas hay más libertad de elección y eso casi siempre es bueno.

      Gracias por el aporte ;-)

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  2. Mi hipótesis es que la superación de necesidades vitales (esto es, el acceso universal a unas condiciones de vida mínimas) unida a la aglomeración de la población en núcleos geográficos y el inmediato acceso a la información de cualquier parte del mundo que nos permite internet nos llevará a superar, poco a poco, los conceptos de 'cultura' y 'sociedad' como algo definido y uniforme. La libertad del individuo será máxima, y las 'culturas' pasarán a ser algo más heterogéneo y subjetivo.

    Por supuesto, uno de los pasos vitales es la abolición de las religiones, que se permiten el lujo de establecer imperativos de conducta (y hasta de pensamiento!) a partir de unos supuestos sustentados en el aire, y que así dificultan el entendimiento entre seres humanos que, por lo demás, son absolutamente iguales.

    Estupendo artículo, se agradece la enorme cantidad de recomendaciones bibliográficas.

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    1. Las ciudades son el núcleo del civismo. Verse obligado a aguantar la música del vecino por mucho que la odies —y, obviamente, hacerlo— nos hace más tolerantes. Y bueno, si las ciudades son el núcleo del civismo las poblaciones pequeñas y aisladas son lo contrario, así que tiene sentido todo lo que dices. Sin embargo, nunca había pensado en las religiones como otro "pero" a la dificultad de abandono de x cultura o sociedad.

      Gracias por el apunte ;-)

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    2. Más que abolición de las religiones (en el sentido de prohibir) - y yo no soy religioso en absoluto - hablaría más bien de desvanecimiento. No creo que desaparezcan al prohibirlas (ni creo que eso sea deseable moralmente), sino que según la sociedad avanza, abandona esos mitos y creencias que quizá en el pasado fueron útiles para cohesionar grupos y se hace en cierto sentido más racional (Aunque como en todo, hay outliers, en este caso EEUU).

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    3. Sí, he sido yo expresándome mal. También me refería a un desvanecimiento gradual, y estoy de acuerdo contigo. No creo que EEUU sea un outlier; la religión estaba muy arraigada allí y, por su naturaleza, su desaparición es lenta... pero cada generación es menos propensa a abrazar la religión que la anterior.

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    4. Outlier en el sentido de que en la recta de regresión "GDP per cápita vs religiosidad" se sale, i mean.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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