23 abr 2012

Banco malo


Una vez más dedico una entrada al sector financiero de la economía, principal obstáculo a la recuperación por ser el oferente de liquidez del sistema y, por lo tanto, el actor principal en la inversión. Porque el sector financiero español sigue generando dudas, aun cuando se ha intentado todo para que se saneara. Las últimas, los 50.000 millones de ajuste en dos años, más la liquidez a tres años dada por el BCE, no van a servir para sanear un sector que muestra signos de parálisis total.



Y el principal problema del sector financiero de una economía moderna es que es el oferente único de liquidez para el sistema. Es quien presta el dinero que toma prestado de otros actores. Y eso, en Europa, es un gran problema ya que nuestro BCE no tiene atribuciones que si tienen otros bancos centrales, por ejemplo la FED: ser el prestamista de última instancia, es decir, poder prestar dinero directamente a los gobiernos. Cuando la economía entra en fase crítica, en septiembre de 2008, la FED implementa varias medidas que, desde mi punto de vista, han sido cruciales para mejorar la situación en EE.UU. aunque haya sido sólo levemente: en primer lugar, establece las famosas facilidades de crédito al gobierno, las famosas QE, prestando más de un billón de dólares; en segundo lugar, bajó los tipos de interés a una horquilla de entre 0 y 0,25%; y, en tercer lugar, estableció un sistema de compra de pagarés a las empresas. De esa forma puso en el mercado una gran cantidad de dinero que permitió financiar el sistema, con lo que la caída se amortiguó.
En Europa, mientras, el BCE subió tipos (hasta el 1,5%) y se dedicó a abrir ventanillas para que los banco fuesen a pedir dinero. Cada ventanilla que abría se mostraba más imperfecta y no provocaba un incremento del crédito. Como no puede prestar a los gobiernos, la deuda pública tenía que ser vendida a terceros con lo que los intereses crecieron de forma continua, especialmente en los países con problemas. Por lo tanto, no sólo no mejoró la liquidez del sistema sino que provocó indirectamente la crisis de deuda.
Por lo tanto, a diferencia de EE.UU., en Europa no hemos establecido un sistema alternativo, aunque fuese limitado, de financiación del sistema; siguen siendo los bancos quienes tienen que proveer de fondos a las empresas. Y como lo bancos están como están, sólo buscan dar crédito a las empresas que más solvencia presenten, de forma que aquellas que están en una buena situación, aunque no excelsa, no pueden acceder al crédito con lo que rápidamente se deteriora su activo y terminan cerrando despidiendo al personal e incrementando los problemas. Es decir, empresas con beneficios y una estructura de balance razonable no tiene acceso al crédito con lo que al final suspende pagos y paran la actividad.
Al principio de la crisis propuse que el ministerio de economía tutelase, mediante exenciones fiscales, un sistema alternativo de préstamos entre empresas de forma que aquellas que tuvieran exceso de liquidez lo prestasen mediante contratos privados a las que tuvieran necesidades. Se propuso otro sistema más ortodoxo: el ICO acudiría a prestar el dinero. Pero el ICO actúa con los bancos, por lo que al final son éstos quienes daban el visto bueno a las operaciones. Y, lógicamente, mantenía sus criterios. En fin, que no funcionó.
Entonces, ¿qué hacer? He pensado mucho en este problema, dado que es de vital importancia solucionarlo a corto plazo, y siempre llego a la misma conclusión: habría que nacionalizar la banca, limpiarla de problemas y volverla a vender. Pero eso, después de haber puesto encima de la mesa casi 300.000 millones para sanearla y de no haber obtenido ninguna solución, parece que no es lo más apropiado. Por lo tanto, paso al plan B: crear un banco malo.
Un Banco Malo puede ser hasta rentable si lo gestionamos bien. ¿En qué consistiría mi propuesta? La banca, como última acción posible para su saneamiento, vendería todos sus activos inmobiliarios deteriorados a una sociedad que los gestionaría a partir de ese momento. Se trataría de todos aquellos activos que la banca considerase y, necesariamente, todos aquellos que se encuentren provisionados en sus balances en cualquier nivel. Se trataría de la última oportunidad para actuar de esta manera, ya que a partir de ese momento el gobierno no actuaría más que con la nacionalización a coste cero para los contribuyentes y la liquidación de los activos que adquiriese. Debe quedar claro que ya no se volvería a intentar salvar los muebles de ningún gestor y que los bancos, desde este preciso momento, asumen todas las deudas con sus propios activos.
La clave de este proceder sería el precio de los activos. Se puede optar por dos estrategias: una, comprarlos al precio que reflejan en el balance, es decir, descontando todas las provisiones que se han realizado, incluyendo la parte proporcional de las provisiones genéricas, o volver a valorar los bienes, a precio de mercado, con la consiguiente pérdida de valor que debería ser asumida completamente por el capital del banco que los venda. En cualquier caso, el valor de los activos no debería ser superior al 40%, es decir, reconoceríamos una pérdida media del 60% del valor de los activos.
Los bancos se quedarían exclusivamente con lo créditos hipotecarios más sanos, aquellos que no han incurrido en mora, con lo que a partir de ese momento podrían volver a actuar de forma normal en el mercado, dado que habrían desaparecido los problemas de insolvencia de sus créditos y se habrían cubierto las necesidades de capital. A cambio, por el incremento de beneficios que obtuviera se cargaría un 5% adicional en el impuesto de sociedades, sin posibilidad de compensación con ninguna partida.
El pago de las cantidades acordadas se podría hacer de dos maneras: una, emitiendo deuda pública con cargo al Fondo de Estabilidad Financiera de la UE con un vencimiento de 20 años y al precio de mercado, es decir, con tipos de interés del 6%. Esto implicaría una cierta intervención de la economía española, por lo que deberíamos pactar muy bien las condiciones de acceso y presentar las garantías necesarias para que no se produzca una tutoría mayor de nuestra economía. Otra opción es que la deuda sea comprada por los propios bancos a cambio de sus activos, por lo que, al tener el aval del estado, podrían transformarla en dinero al utilizarla como colateral en el BCE. En ambos casos, la UE debería ser consciente que la situación es difícil y que la solución de nuestros problemas, tanto de déficit, como de deuda, pasan por la activación del sistema económico.
Con el dinero que recibieran los bancos, la normativa exigiría que al menos un 80% se hubiese dedicado a préstamo nuevo en un plazo no superior a seis meses, de forma que, según todos los analistas, se habrían inyectado al menos 80.000 millones de euros en préstamos al sector productivo.
Con respecto a la gestión de la sociedad, en primer lugar tendríamos que definir su estatus. Algunos analistas están hablando de ‘sociedad de gestión’ con la ventaja que quedaría fuera de la órbita del Banco de España. Yo prefiero decirlo como tal: banco. Además de tener la supervisión del BdE, al ser un banco podría acceder al mercado interbancario con plenas garantías para la obtención de fondos si fuese necesario. Y, en el futuro, podría ser el embrión de un banco público que permitiese la gestión de las crisis financieras con mayor elasticidad que las instituciones actuales.
El Banco recibiría activos de cuatro clases: pisos hipotecados con clientes en mora; pisos terminados pero sin vender; pisos en construcción; y suelo urbanizable.
Con los pisos hipotecados con clientes en mora, inicialmente no haría nada, tan sólo cobrar las cantidades adeudadas en forma de cuotas. En el caso de imposibilidad del pago, renegociaríamos las condiciones para hacerlas más flexibles. En caso de, aun así, no ser suficiente, se aplicaría la dación en pago de forma que el contrato se convirtiese en uno de alquiler durante 5 años con pacto de recompra a un precio predeterminado, generando un 20% de beneficio mínimo para la entidad, es decir, se produciría una rebaja del precio de un 40% sobre el valor inicial.
Con los pisos terminados sin vender, se haría una gestión comercial de venta con un rebaja del 50% de su valor inicial en libros. Si no se consiguiesen vender, en el plazo de un año se pasarían a una bolsa de alquileres sociales, en aquellos casos en que fuese posible, o a su explotación como alquileres turísticos para las zonas donde sea necesario.
Con los pisos en construcción, se modificarían las condiciones de los planes urbanísticos que los generaron en caso de no existir ningún promotor que los quisiera terminar para su venta. En caso de existir un promotor que quisiera continuar con la inversión en sus términos actuales, necesitaría un aval por el 100% de los costes. La norma establecería los porcentajes máximos de crédito asumibles en cada zona y, en consecuencia, el riesgo máximo que se podría producir.
Finalmente, con el suelo urbanizable, cabrían dos opciones: la primera sería la subasta del mismo en el mercado, obviamente modificando el plan urbanístico que lo desarrollaba; la segunda, el retorno a los ayuntamiento para que lo utilizasen en dotaciones para la ciudadanía o en polígonos industriales que generasen ingresos para las arcas municipales. Las dotaciones para la ciudadanía podrían ser gestionadas por empresas privadas si así lo considera conveniente el ayuntamiento que las reciba. En todo caso, no se permitiría su vuelta al mercado como suelo urbanizable en un plazo de 10 años, de forma que los ayuntamientos no se quedasen con los terrenos para volver a inflar una burbuja de precios.
En un plazo de 20 años, el banco debería haber sido capaz de liquidar los activos que asumió, por lo que perdería su razón de ser a no ser que el gobierno de turno lo mantuviese como un banco público que actuara en el mercado como cualquier banco comercial, eso sí, con los máximos estándares de solvencia establecidos por las autoridades. Con lo beneficios que se generen, que los habrá, se podría reducir el déficit público vía la obtención de ingresos por el Estado.
Si esta operación se hiciese bien, podríamos terminar con el problema financiero en un plazo muy breve de tiempo, nuestras instituciones volvería a la rentabilidad y el crédito volvería a fluir por el sistema permitiendo la financiación de proyectos que en este momento están parados, con la consiguiente mejora económica y disminución del número de parados de la economía a medio plazo.
Y alguien se preguntará, ¿de dónde sale el personal para la gestión del banco malo? La respuesta es sencilla, de los trabajadores públicos que se quiere despedir o, en su defecto, de las listas del paro, que hay casi 6 millones de personas dispuestas a ello.

7 comentarios:

  1. German,

    No lo veo nada claro. La creación de un banco malo, con todos los activos que no quieren lo otros bancos y soportado por el estado puede ser la puntilla.

    Por un lado tal como dices alguien tendría que marcar el valor de esos activos, y eso no va a ser nada fácil. Valorarlos a su valor, que en algunos casos es un 80% inferior al reflejado en el balance haría que no solo cayera el banco malo. Si queremos que este banco sea el único que quede "no tocado" la valoración tendría que ser muy superior a la real. Si se quiere que este banco se quede también con las hipotecas dudosas podríamos estar hablando de un 15% del total de las hipotecas de España. Con una morosidad hipotecaria real cercana al 3,5%, las que se dejan de pagar suelen ser las que les queda más por pagar.

    No creo que un estado con una necesidad de financiación tan grande como el nuestro sea capaz de asumir todo este riesgo. ¿Qué pasaría con la prima de riesgo?

    Aunque la verdad... es que posiblemente ya tengamos ese banco malo, solo tenemos que cambiarle el nombre a Bankia. :-)

    Por cierto, nadie se pregunta ¿por qué no ha entrado ningún inversor extranjero en todos los movimientos de la banca?

    España es demasiado grande para caer (o eso dicen) y está llena de pisos :-).

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  2. ¡Cuidado! Como bien pone al inicio del artículo, el texto no es mío sino de Juan Ignacio de Juan.

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  3. Pere,

    Con respecto a tus dudas del valor de los activos, hay que tener en cuenta que tienen una provisión de, en media, el 60%, luego sólo se tendría que asumir el 20% adicional en casos puntuales. Por otro lado, no es el Estado el que asume el coste, sólo la financiación a largo plazo (20 años) e. idelamente, con la ayuda del Fondo de Estabilidad que aportaría ese dinero. Una forma alternativa es aportar el dinero directamente a los bancos, como hicieron EE.UU. o Irlanda, y asumir el coste vía déficit público.

    El gran problema de España es que su sistema financiero está en estado zombie: no hay ningún banco que sea capaz de prestar dinero por motivos de falta de solvencia de ellos mismos. Además, con las exigencias de capital que se les imponen, y el deterioro de la actividad económica que se presume a corto plazo, el impacto sobre el sector bancario va a ir creciendo, convirtiendo las provisiones en antiguas antes de generarse (lo que ya ha ocurrido desde el mes de febrero: los 50.000 millones calculados en su momento son insuficientes actualmente). Como no se atisba crecinmiento económico, necesitaremos otros 50.000 millones a corto plazo y otros 50.000 el año 2013. Por lo tanto, aunque no me gusta en exceso la idea, lo único que podemos hacer es quitar los créditos al ladrillo con cualquier duda de los balances de los bancos para que puedan empezar a prestar dinero y reactiven la economía.
    Con respecto a al prima de riesgo, aunque te parezca raro, soy de la opinión que descendería, ya que, para mí, los mercados están pidiendo crecimiento para poder afrontar nuestras deudas. La prueba de esto es por qué EE.UU. con un déficit como el español (más o menos en el 8%) y una deuda pública muy superior (por encima del 100% del PIB) no tiene problemas de financiación al margen de las QE de la FED. La respuesta es porque EE.UU. tiene un gobierno y una FED que se preocupan del crecimiento y, al margen de los republicanos, una clase política que no entroniza la reducción del déficit como única política económica (al mergen de economistas con un discurso diferente al de los europeosl, poniendo como ejemplo a Weidmann. Lo mismo podríamos decir de Reino Unido, aunque en este caso si que estronizan el déficit. Por lo tanto, nuestra prima de riesgo está como está por la política unidireccional alemana que es la que está generando lo se que está generando.

    Juan Ignacio de Juan

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  4. German, perdona…. Normalmente leo rapidito (pero no en diagonal) :-) y me he saltado la presentación. Es que es muy extenso!

    Juan,

    Entonces, ¿porque no creamos un banco bueno? O es más, porque no utiliza el sector financiero los bancos que existen.

    Son pocos, pero para pymes se pueden plantear triodos bank, y para grandes prestamos las multinacionales pueden acudir, si son solventes, a entidades internacionales.

    No creo que la falta de crédito sea la que esté colapsando nuestra economía. Parece que solo nos fijamos en los dos últimos años. Nuestra economía ha estado MAL incluso en los mejores tiempos. No lo recuerdo, pero creo que nunca hemos bajado de un 8% de paro, y eso en una época donde el crédito no se tenía ni que pedir :-), sino que te lo daban a la mínima que te descuidases.

    Ahora tenemos una falta de crédito, pero no creo que eso sea lo que nos esté lastrando. Hemos tenido épocas de crédito que no hemos aprovechado.

    Tal como dices nuestros números de déficit y deuda pública no son tan diferentes a los de países que están en mejor situación. Yo creo que el problema más grande es la tasa de paro, totalmente diferente, y la deuda privada (que se ha vuelto pública, al asumir el estado la responsabilidad de las entidades bancarias). Otro problema que no tenemos ni idea de cómo atacar es la falta de confianza de los “mercados” (por dios que alguien me defina mercados). Creo que todo el mundo está bastante de acuerdo en que a corto-medio plazo la política de austeridad no nos va a llevar a ningún lado, pero es que, como mínimo los Alemanes, y creo que bastantes más, entres los que me cuento, piensan que una política expansiva solo nos puede llevar a un pozo más profundo.

    En mi caso no es porque no crea en Keynes, sencillamente es porque no confió en nada en los que tienen que decidir cómo realizar la política expansiva, y no soy el único.

    Con la poca confianza que tenemos no creo que podamos conseguir el préstamo para reactivar el crédito, y lo peor es que si reactivamos el crédito no creo que sepamos qué hacer con él. Creo que nos estamos centrando demasiado en los problemas que nos han venido nuevos en los últimos años, y realmente tenemos un problema estructural con el paro que ningún partido se ha tomado seriosamente. No creo que el gran problema de España sea el crédito.

    Pere.
    www.bcnaccions.com

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    1. Pere,

      El problema de la economía española es, a corto plazo, el crecimiento y la falta de crédito, y a medio y largo plazo, la estructura económica, el desempleo y la gestión.
      A corto plazo tenemos que reactivar la economía si queremos tener un futuro como país, dado que si no, acabaremos sin nada que gestionar. Y para eso hacen falta dos cosas fundamentalmente: crédito y confianza. El primero está ligado al sistema financiero, que está corrompido por la época de los excesos inmobiliarios y el pinchazo de la burbuja. Y no debemos solucionar una burbuja inflando otra. Y la confianza se genera con políticas expansivas que no tiene por qué significar incrementos del gasto público. Por ejemplo, y aprovechando eso tan impopular que se llama banco malo, podría establecerse una moratoria en el pago de las hipotecas que generaría algunas cosas: por un lado, efectivamente, se perdería capital en el sector financiero, pero como se lo hemos tenido que dar antes estaría compensado; en sentido contrario, incrementaríamos los beneficios de los bancos, en cuanto que se mantendrían los intereses; por el lado de la demanda, se incrementaría el gasto en consumo, dado que la gente tendría un excedente de renta para ello; además, se incremnetaría el ahorro y, con ello, la inversión de la economía y la financiación del sistema; se incrementaría la recaudación impositiva, con lo que se provocaría un menor desplome de la actividad; y, al no tener que realizar saneamientos presupuestarios por el incremento de la actividad, la gente no estaría agazapada esperando que escampe para hacer algo. Y todo eso sin un coste para el estado, más bien con ingresos extraordinarios.
      Los problemas de medio plazo son más complejos de solucionar porque requieren de un cambio total de paradigma económico. Nuestra estructura económica está muy centrada en sectores intensivos en mano de obra, y tenemos que pasar a sectores intensivos en capital, monetario y humano. Eso es evidente, pero no se hace de un día para otro. El problema es que el camino emprendido es el contrario y, en esas condiciones, el suicidio de la sociedad española está asegurado. Por eso son tan perniciosos los presupuestos, no porque se ajusten 30.000 millones, sino porque el ajuste recae fundamentalmente en Educación, Sanidad y Gastos de I+D+i. Es decir, sobre el futuro.
      Del paro ya se ha hablado todo. Pero, con la estructura económica española, se demandan empleos de baja cualificación de los que carecemos de profesionales, y de ahí la emigración que se está poniendo en marcha. La reforma laboral corrige alguna de las rigideces del mercado laboral, y en ese sentido va bien planteada, pero no soluciona el problema endémico del mercado de trabajo español: la productividad. Porque ésta se corregirá con dos palabras mágicas: estabilidad y formación. Y ninguna de las dos está potenciada con la reforma. En fin, que habrá que hacer otra.
      Con respecto a la gestión, está muy cercana a la I+D+i. Mientras las empresas y administraciones públicas españolas no comprendan que la base del futuro está en los incrementos de productividad vía mejora de la gestión y la aplicación de las innovaciones, no podremos competir con nuestros socios y sólo conseguiremos mejoras relativas de nuestros productos vía deflaciones de precios y salarios que terminan siendo dolorosas y que se ajustan siempre por el mismo camino: la reducción del número de trabajadores. Hay que ser innovadores en la gestión de las entidades y no centrarnos exclusivamente en los costes. Porque en este país existen un montón de descubrimientos (la I del I+D+i), algunos desarrollos de patentes extranjeras (la D) pero muy poca puesta en el mercado efectiva de los avances (la i) que es lo que necesitamos, de forma que resultados muy prometedores se quedan en el camino por la falta de coraje en la gestión de las empresas y administraciones. Por no hablar, que podría escribir varios post con ello, de la falta de profesionalidad de los gestores públicos, que es otro cantar.

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  5. Más que falta de dinero por parte de los bancos (que también) el problema principal es la falta de demanda crediticia SOLVENTE consecuencia de una economia sometida CONSCIENTEMENTE a un proceso deflacionario. Si lo he entendido bien, la fórmula que propones hace hincapie en el lado de la oferta: prestemos dinero a las empresas para que puedan seguir produciendo y de este modo problema solucionado. Yo, algo más keynesiano, creo que se trata de un problema de insuficiencia de demanda, cuya curación exige (adecuados) estímulos públicos. Cuando el sector público se contrae, también lo hace -lógicamente- la demanda agregada. Ningún banco en su sano juicio daría dinero a una empresa que HOY es más o menos solvente, pero cuya producción (por falta de demanda para sus productos)será mañana con bastante probabilidad menor que la de hoy. Mientras no se perciba una mejoría de la situación económica, la desconfianza de los bancos a conceder créditos, ya sea a emprsas o particulares, no disminuirá. Es decir, que habría que empezar por el principio.
    De hecho, la justificación al proceso de deflación interna en que nos tienen metidos predica eso precisamente: que como resultado del mismo, ganaremos competitividad exterior y las exportaciones estimularán la demanda de nuestros productos. Lo que ocurre con ello es que el sacrificio que exigen esas políticas -ya está más que visto- en términos sociales es inmenso y DESPROPORCIONADO. Es un proceso MUY LENTO que exige enormes sacrificios a los ciudadanos y que lleva a la miseria a millones de personas, muchas de las cuales quedan DEFINITIVAMENTE excluídas del mercado laboral y por tanto condenadas a una miseria de por vida. Una política de estímulo, al incrementar la riqueza producida -EN VEZ DE DISMINUIRLA como hacen las políticas de austeridad-, mejora el bienestar social y aumenta correlativamente la recaudación impositiva, contribuyendo además a la reducción del déficit público sin tantos sacrificios. No es este el camino que los ultraliberales que han gobernado Europa hasta ahora han preferido.

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    1. Y sobre todo, ES MENTIRA que no haya alternativas a las políticas de austeridad, como se nos ha querido hacer creer hasta ahora. Es posible que con Hollande quede en evidencia que hay más caminos.

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