12 abr 2012

Las guerras y su razón de ser

Escrito por en Marina Muñoz Martínez en Libre argumento

“Todos queremos la paz mundial” ¿Quién está en contra de ésta afirmación? O sea, ¿hay alguien que no desee erradicar el hambre, la esclavitud y la pobreza? Supongo que no. Entonces, ¿si todos -prácticamente- queremos y buscamos la paz mundial por qué no es una realidad? La que acabo de plantearles es una de preguntas que siempre he llevado en la cabeza desde que era muy pequeña, junto con la de por qué si hay una máquina de dinero no somos todos ricos.
Aunque los medios se centren en Iraq o el de Oriente Medio actualmente existen unos cuarenta conflictos bélicos que acaban con miles de personas, la mayoría, civiles. Además, en guerras no sólo se pierden vidas -aunque esto sea lo más valioso-, también, como todos sabemos, se dejan cantidades ingentes de dinero en el y suelen dar paso al drama hambre.

Otra de preguntas interesantes es: ¿qué lleva a los hombres a ir una guerra? Creo que está claro que uno, si es libre, no va a hacer algo que no le beneficie, resulta difícil encontrar a alguien que actúe para acabar peor de lo que estaba, por lo tanto cabe pensar que el que va a una guerra, voluntariamente y sabiendo lo que se va a encontrar -que seguro que no es agradable-, es porque cree que hay posibilidades de acabar mejor que como estaba en un principio. Incluso el buscar un futuro mejor para generaciones venideras puede ser una buena razón, y aún más si se tienen hijos herederos de la situación que se viva en ese momento.
La búsqueda de un lugar mejor en el que vivir, esto es, ganando la guerra contra el opresor que no nos permite ser libres, tiene, desde mi punto de vista, una estrecha relación con la guerras nacionalistas: la lucha por la supremacía de los portadores de dicha identidad nacional -por decirlo de alguna manera-, y el sentido patriota cuando se busca evitar que nuestro país sea dominado por otro que no es “de los nuestros”. Supongo que entienden bien lo que quiero decir.
Es evidente pues que toda guerra tiene una razón de ser -si no, no se llevaría a cabo-, y una muy buena razón ha de ser, de hecho. La guerras tienen unos costes difíciles de asimilar para nosotros, a veces. Y es que llegan a ser astronómicos, como he dicho antes, no sólo económicamente sino también por vidas humanas, cuales tienen un valor, para más inri, incalculable para muchos, supongo. Por lo tanto, ¿quién estaría dispuesto a meterse-voluntariamente- en una sin estar seguro que, de ganar, se llevaría mucho más que lo que tenía antes?
También creo necesario decir que pocas veces se nos va a preguntar si queremos ir a la guerra, la mayoría de ocasiones en que los hombres han tenido que ir a la guerra, por lo menos hasta principios de este siglo, no ha sido, ni mucho menos, voluntariamente. Es con la entrada servicio militar voluntario cuando más se da la situación que antes planteaba. Cuando es obligatorio no queda más que ir, desgraciadamente.
Verde: sin fuerzas armadas
Azul: fuerzas armadas de reclutamiento voluntario o profesionales
Naranja: servicio Militar obligatorio, próxima abolición (en unos años)
Rojo: servicio militar obligatorio
Gris: sin datos
En cualquiera de los casos al igual que es difícil encontrar a alguien que actúe para acabar peor de lo que estaba también será muy complicado encontrar a un Jefe de Estado, por ejemplo, que quiera que sus habitantes mueran o ataquen su territorio, y no porque les quiera mucho precisamente, sino porque ya no tendría de quiénes sacar el dinero. De aquí la idea puesta sobre papel de Mancur Olson, en Poder y prosperidad.
¿Educar para la Paz?
Llevo demasiado tiempo escuchando que la guerra es mala -¿dejará de serlo? Por supuesto, es horrorosa y ojalá no tengamos que sufrir sus efectos en nuestras propias carnes jamás- donde más lo oigo es en mi centro educativo, por cierto. El proyecto “Educar para la Paz” que se ha puesto en marcha en muchos centro es, simplemente, poner canciones como esta -cuando no les da por poner Macaco- en los recreos día de la Paz, quiero decir que me parece muy poco ambicioso y que podría ser mucho más útil. ¿Hacer exposiciones? ¿Concursos? Qué sé yo, pero no creo que sea muy difícil superar lo que se ha venido haciendo hasta ahora.
Supongo que lo esencial y lo realmente importante es que podemos seguir diciendo que guerras son el mal sin necesidad de quitarnos nuestros carnets de buenas personas, y que se deberían acabar, y que viva el amor y que seamos todos felices. Por favor, nótese el sarcasmo. Es una afirmación tan simplista, superficial y evidente que me cansa más cada vez que la escucho. Lo siento, pero no compro.
Si guerras son frías la mejor manera de reducir o ponerles fin -ponerles fin, me parece que tiro demasiado alto- será pensando como ellos piensan y buscando otra manera de llegar a los objetivos, pues, ¿quiénes somos nosotros para evitar que un país busque tener más petróleo o expandir su territorio? Lo más adecuado, y esta es mi humilde opinión y como tal es totalmente discutible, será hacer que salga más costoso meterse en una guerra que firmar un pacto y hacer un trato, una alianza con otros países para llegar a los objetivos.
Que sí, que está bien mostrar que tienen interés y que decimos no a la violencia, pero fuera de ahí, sirve para, supuestamente, concienciar y poca cosa más.
Guerra, paz y Teoría de Juegos
En la terminología referente a la Teoría de Juegos es un poco más sencillo verlo. Explicado muy brevemente: hay dos o más agentes, todos egoístas y racionales, por eso buscarán estrategias para ganar lo máximo con lo mínimo, siempre pensando en ellos mismos. Hay varios tipos de juegos:
  • Juego de suma positiva: cuando los dos ganan. Un buen ejemplo son los intercambios económicos o la caza colectiva propia, sobre todo, de sociedades de cazadores-recolectores.
  • Juegos de suma cero: cuando uno de los dos gana, y se lleva lo que el otro pierde. Por ejemplo, hay una pizza, el trozo que yo me coma, ya no se lo podrá comer mi contrincante, por lo tanto yo me gano lo que él pierde.
Como bien se apunta en este estupendo artículo nos podemos encontrar con tres tipos de paz:
  1. Paz como resultado de una victoria. Se parece a un juego de suma cero: uno gana, otro pierde y el vencedor impone su paz. Ejemplos: la Pax romana, la Paz de Versalles (1919) , Pax americanacon Japón o con Alemania (1945).
  2. Paz por miedo a perder. Se intenta evitar un juego de suma negativa. Se establece la paz porque el temor a pérdidas de la guerra tienen más peso que expectativas de ganancias (aquí “pérdidas” o “ganancias” no deben traducirse directamente como “derrota” o “victoria” militares: por ejemplo, el temor a una victoria pírrica, donde incluso el vencedor pierde, debido a lo irrelevante de ganancias en comparación con pérdidas de la guerra, entraría dentro de esta categoría). Ejemplos: Paz de Westfalia (1948), Guerra fría (1945-1989).
  3. Paz kantiana. Con la paz se gana más de lo que se puede ganar con la guerra. Los participantes forman parte de un juego de suma positiva. Ejemplo: Unión Europea.
Supongo que este es un buen ejemplo de lo que decía antes. Todos sabemos que guerras son malas, la gran mayoría estamos en contra de la violencia, supongo, también la mayoría creemos en el diálogo -servidora, sólo hasta cierto punto-, y, por lo tanto, denunciamos situaciones injustas. Más allá de eso, abríamos de ser conscientes también de que, más que valores, lo que hace falta para evitar guerras o minimizar sus daños son analistas y estrategas.
Voy a aprovechar que hablo de guerras para hacer dos recomendaciones: la primera, la película “A few good men” (1992), “Algunos hombres buenos” en castellano. Más que resaltar actuaciones, el reparto y demás sólo resaltaré una de oraciones que me han marcó -ya sea mucho o poco-, algo así como “Alguien tiene que vigilar la línea roja mientras duermes”, no la puedo citar textualmente porque no la recuerdo.
Pero creo que se entiende lo que quiere decir. Nos guste o no el servicio militar, nos gusten o no guerras, podemos dormir tranquilos por noches porque hay personas que están vigilando la línea roja, que están ahí noche y día, y, nos guste o no, obligado considero el ejercicio de agradecerles su labor.
Y la segunda recomendación es “El último samurai“. Probablemente no sea la mejor película sobre guerras, pero a mí, especialmente el final, me dio mucho que pensar. Aquí dejo sugerencias. 
No querría irme sin decir que la guerra no es más que otra estrategia para alcanzar objetivos, y como tal, es evitable, siempre y cuando haya mejores y siempre y cuando, se acepten.

1 comentario:

  1. Bastante en sintonía con lo que dices. Efectivamente, los conflictos tienden a aparecer más en aquellas sociedades que menos tienen que perder con la guerra, suponiendo una enorme traba al desarrollo. Por poco que haya que ganar, por desgracia, la violencia es la opción más atractiva.

    No obstante, quizás le daría una vuelta de tuerca. No se trata de qué se gana y qué se pierde en una guerra, sino de qué gana el gobierno de un país inmiscuyéndose o no en un conflicto. Los costes electoralistas de Irak en todos los países implicados han sido enormes, por ejemplo. Alemania y sus fantasmas del pasado evitan a toda costa un conflicto bélico, incluso cuando la causa es justa, por las consecuencias en las urnas.

    La violencia es una opción, y eso, al igual que la ley de la gravedad o el paso del tiempo, no es algo que hayamos decidido nosotros. Pero dar mucho que perder a quien abre una guerra en busca de un beneficio constituye la solución natural a la situación que planteas.

    Un gran artículo. Ojalá algún día se convierta en un documento anacrónico. Algún día que nosotros, me temo, no veremos.

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